18/03/2026

Sobre los premios AEPEV: III. Cosas… raras (1).

 



En la entrada anterior hablé sobre…, no quiero llamarlo falta de transparencia, pero digamos que el desarrollo del premio AEPEV, no está todo lo cristalino que puede estar; y también vimos que hay ciertos patrones en los medalleros (en general), difíciles de explicar incluso desde un punto de vista estadístico: marcas de vinos y bodegas que reciben año tras año reconocimientos y que de repente dejan de obtenerlos.

Es como pasar de ser el VIP a no figurar en la lista de invitados.

Hoy vamos a profundizar en las “rarezas” de los medalleros de los vinos blancos, rosados y tintos. Esta entrada tiene chicha, así que coged una copa de buen vino y unas palomitas.

¡Vamos!

Vinos blancos (sin barrica).


A primer golpe de vista vamos a ver que los socios de la AEPEV se mueven conforme a la moda del momento. Apenas reconocen vinos que no estén en el en la zona noreste de la península, y para cuando lo hacen, es con vinos de zonas que no tienen una tradición específica de elaborar vinos blancos, como Pago del Vicario en Ciudad Real, Habla de ti en Extremadura, o el asturiano Siluvio albarín, uno de los ganadores de la última edición.

Es bastante positivo reconocer que hay buenos vinos más allá de sus zonas tradicionales, pero también es muy extraño es que zonas como Cataluña, los vinos de la sierra de Málaga, o de Canarias, por poner tres casos, apenas si tienen premios.

También es curiosa la presencia de la bodega Martín Codax con tres vinos distintos, me genera dudas, es como si de alguna forma alguien tratara de colocarla ahí de una forma un tanto forzada.

Tirando un poco de orgullo de mi tierra, en 17 ediciones sólo se ha premiado a una sola bodega por un solo vino verdejo (en el cuadro aparecen dos, pero se trata de un rebranding del mismo vino). Se me hace raro que los socios no hayan tenido en cuenta otras bodegas que elaboran verdejos “sin madera”.

Por último, os voy a pedir que os quedéis con el nombre de estas marcas: Impromptu y El Paraguas Atlántico.

 Ahora veréis porqué.

 

Vinos blancos con barrica.


Aquí tenemos, un poco como antes, hay un eje Galicia-DO Rioja contra el resto del país, aunque hay que reconocer que los premios están más repartidos que en la categoría anterior. Me sorprende la presencia de un vino de Pago del Vicario, aunque hablaré un poco más de esta bodega cuando lleguemos a los rosados.

Otra cosa que me ha sorprendido, es la presencia de Impromptu y Paraguas del Atlántico, premiados (en otras añadas) en la categoría de vinos ¿jóvenes? sin crianza en barrica. Hasta donde he podido comprobar, ambos vinos siempre han tenido una crianza en barrica, es decir, no sucede como en otros vinos comparten una misma marca, pero luego se les añade una coletilla para indicar si son un vino joven, o fermentado en barrica o que pueden estar elaborados de tal o cual casta.

Es por eso os decía, en anteriores entradas, que era necesario que la AEPEV definiera las distintas categorías del premio. Veréis:

-       La categoría 1, ha tenido varios nombres desde 2009. En las ediciones de 2009 y 2010 se denominaba “Blancos sin crianza”, pero como esta información no es de medalleros oficiales, la dejo en apunte. En 2011 se llamaba “Blancos Jóvenes”, de 2012 a 2016 “Vinos blancos jóvenes (sin barrica”, y desde 2017 a hoy “Vinos blancos sin barrica”.

-       La categoría 2 también ha tenido varias denominaciones, a saber: de 2009 a 2011 “Vinos blancos con crianza”, de 2012 a 2015 “Vinos blancos con madera”, y de 2016 a día de hoy “Vinos blancos con barrica”

Como no he podido obtener ningún reglamento de este premio, es difícil saber qué es lo que ha motivado estos cambios, que evidentemente, no es solo un cambio de nombre, hay todo un trasfondo e intención, y para nada me parece mal. Aplaudo que un concurso se adapte, se renueve, que cree o modifique sus normas, siempre y cuando esto responda a un criterio de mejora, no a mover la portería para adaptar el premio al vino.

En los casos que citaba:

El Paraguas del Atlántico: Se trata de un vino blanco a base de treixadura, godello y albariño. Se vinifican por separado, siendo la godello la que pasa por barrica. Obtuvo el premio en la categoría 1 (blancos SIN crianza) los años 2012, 2016 y 2018; y en la categoría 2 (blancos con barrica) en el año 2023 (os dejo en cada año, un enlace de la añada premiada).

Con diferente porcentaje de cada uva, el vino es el mismo año a año. ¿Por qué unos años tuvo un premio u otro? Es curioso, cuanto menos.

Me hubiera gustado hacer la misma comparativa POR AÑADAS con el Impromptu Sauvignon Blanc, pero la bodega solo dispone de la ficha técnica en su web, que nos dice que es un vino a base de sauvignon blanc que tiene, SÍ o SÍ, vinificación en barrica de roble nueva (no he encontrado cuanto tiempo) y crianza en huevo de hormigón (tampoco indica el tiempo). En TODOS los enlaces que he encontrado de este vino (de distintas añadas), TODOS indican lo mismo, y lo califican como crianza en barrica. Lo curioso del caso es que en la edición de 2019 (añada 2018) gano en la categoría de crianza, y en 2022 (añada 2021) gano en la de VINO BLANCO SIN CRIANZA.

¿Dónde está la coherencia?

 

Vinos Rosados.


Esta es la madre del cordero. Esta es la categoría por la que me empecé a fijar en este concurso. Y todo, por un vino: Pago del Vicario Petit Verdot Rosado.

Es el vino más premiado de su categoría, nada menos que en 13 ediciones, 12 de ellas de forma consecutiva. Al mismo tiempo, es el vino más veces premiado en cualquier categoría en las 17 ediciones que se ha celebrado el premio. Y por si eso fuera poco, es el vino más votado en 5 ediciones, cuatro de ellas de forma consecutiva. Estamos ante un vino que ha sido más votado, entre otros, más que Viña El Pisón, Vega Sicilia Único, Alión, Valbuena 5º Año, La Nieta, Pintia, Numanthia, ¡y esto sólo en tintos!

Éste debería ser el vino más reconocido de todo el país, tendría que ser la referencia enovitivinícola de España, el vino español de cabecera de Ferrán Centelles, Luis Gutiérrez, Peñín, Santi Rivas y Julito Iglesias cómo mínimo. Y, sin embargo, es un vino de supermercado que muy pocos conocen. Yo lo he probado, no es mal vino, pero es un vino más dentro de las baldas del hiper.

No cuestiono que no sea merecedor de premio. Cuestiono que haya sido ganador tantos años y de forma tan consecutiva. Al fin y al cabo, esto no es un concurso en el que se presentan las bodegas porque ellas quieren participar.

Si este vino es el más premiado en la historia del premio, ha sido porque así lo han decidido los socios de la AEPEV.

Centrándome en la propia categoría, es un paseo militar de tres bodegas: la ya mencionada Pago del Vicario, la navarra Chivite y, ¡oh, sorpresa! Hispano-Suizas y su Impromptu rosé, que se ha convertido en el nuevo rey de la categoría. Alguna pincelada riojana, y para mí, incomprensible ausencia de claretes de Cigales (injustificable) y rosados catalanes.

 

Vinos tintos de 1er y 2º año.


Esta es, sin duda, la categoría revoltijo.

Me explico.

Aquí están mezcladas la realeza de los vinos tintos españoles (Alabaster, La Nieta, El Pisón…), con la nobleza (Pintia, Pago de Carraovejas, 4 Kilos..), con vinos más “campechanos” (Primero de Fariña, Borsao, 4 Pasos…), lo cual me parece un completo acierto, me dice mucho del gusto de quienes eligen los vinos, y aplaudo esta diversidad. El problema es que aquí se están mezclando vinos con crianzas de más de 18 meses, con otros que tienen 12 o menos, y con maceraciones carbónicas. Pasa como las categorías de blancos:  al no haber una definición de lo que se entiende por vinos de primer y segundo año, esto se convierte es un cajón desastre en el que cabe de todo, todo sirve.

En cuanto a orígenes de los vinos, está claro que es una lucha mano a mano Toro-Ribera-Rioja, dejando algo de espacio a otras DO, que quedan un poco en segundo lugar. Eso sí, que no falte un vino de Pago del Vicario y de Hispano-Suizas.

Fijaros en Aalto, Viña El Pisón, Pago de los Capellanes CRIANZA y La Olvidada, porque….

 

Vinos tintos de añadas anteriores.



Bienvenidos al campeonato de boxeo vitivinícola por excelencia de este país. Nuestros campeones en esta categoría son las dos DO más relevantes (al menos esa es la fama que les precede) del vino español (y mucho español): DO Ribera del Duero y DOCa Rioja. Entre las dos acaparan más de la mitad de los premios otorgados. El resto del país puede esperar.

A ver, que hasta cierto punto es normal, son las dos DO que más se mueven y más disponibles están en toda la geografía. Se cuelan en el medallero vinos de la VT Castilla y León, Toro, algún gallego, Priorat está presente, otros de las Baleares…

Es más que evidente que esta es la categoría reina, están (casi) todas las bodegas de renombre del vino español. No obstante, me chirrían cosas:

1.    Falta definir la categoría: al igual que la anterior, ¿cuál es el criterio que deben cumplir los vinos para ser elegidos en esta categoría en concreto? Aunque en menor medida, esta categoría también ha cambiado varias veces de nombre (tintos de más de tres años, tintos de otras añadas…), se está mezclando (otra vez) tintos crianzas y reservas sin un criterio público, al punto que sucede que…

2.    Existan vinos tintos ganadores en ambas categorías: Aalto, El Pisón, Capellanes, y La Olvidada han ganado en ambas categorías en distintas añadas.  Por poner dos ejemplos: Viña El Pisón gana en la categoría de tintos 1er y 2º año en 2011, 2023 y 2024; y en la categoría otras añadas en 2009 y 2016. Aalto gana en la categoría de 1er y 2º año en 2012 y 2021; y en la de añadas anteriores en 2017. Todo parce indicar que se premia al vino en función de cuando lo beben los socios, lo cual hace que las categorías no sean coherentes.

3.    Más premios a Pago del Vicario (1500 H PN) e Hispano-Suizas (Quod Superius): son las bodegas fetiche (o eso parece) de los asociados.

4.    ¿Dónde está Peter?: o Raúl, Germán, Verónica… Echo en falta vinos que son alabados por críticos y prensa, pero que por aquí, ni flores.

5.    Vinos… desubicados: Gladiator, Pago La Jaraba, Valdemonje. A ver. No son vinos conocidos por la gran mayoría, no han ganado ningún premio en años anteriores, pero están codeándose con los mejores vinos de España. Enhorabuena.

Me quedan aún por comentar 3 categorías: espumosos, vinos dulces y crianza biológica; y un poco por encima el cuadro de los mejores vinos. 

Si lo de los rosados os ha dejado un regusto raro, esperad a ver los espumosos, ya os adelanto que vais a necesitar más palomitas…

11/03/2026

Sobre el premio AEPEV: II. Bisturí, por favor.

 



Si la anterior entrada hacía una descripción del concurso de los mejores vinos de la AEPEV, en esta voy a hacer un análisis de esos que me gustan: con bisturí y paciencia.

Voy a empezar por la parte positiva.

Me gusta mucho el estilo de este premio, al menos la parte teórica.

La forma en cómo se desarrollan normalmente los concursos, donde las catas (ciegas o no) se parecen más a un proceso industrial en el que hay que cumplir con normas y parámetros definidos matemáticamente, me parece algo frío, inerte.

Esta mentalidad tan cuadriculada, tan anglosajona de evaluar vinos, ha hecho un daño irremediable a su percepción, sobre todo en cómo los países mediterráneos vivimos el vino.

Claro que las puntuaciones y las descripciones pueden ayudar a la hora de crearte una idea de algo que aún no tienes ni siquiera entre las manos, que te permite comparar vinos y añadas entre sí, pero todo esto es un conocimiento de usar y tirar.

Por ejemplo: Viña Brabante  2012, DO Cardeñosa de las Zaheras, rojo picota, irisaciones violetas, frutas del bosque, madera bien integrada. 94 puntos Peñín, 93 Parker, medallas de Oro Decanter, Gran Oro Mundial de Bruselas y una de estaño en los Bacchus…, ¿es o no es carne de ficha de archivador para que luego alguien lo use en un folleto de publicidad?

La AEPEV, por el contrario, tiene las bases de un premio genial.

Al menos en teoría.

Que unos socios dispongan de todo un año para poder evaluar vinos, de compartirlos, de estudiarlos, de divulgarlos; que hayan tenido la posibilidad de cambiar opiniones y contrastarlas, y que eso sea la base para votar por un vino o por otro; me parece mucho más útil y que tiene mucho más valor que lo que diga una cuartilla de papel que se tiene que hacer en menos de tres minutos.

Eso sí.

Es útil siempre y cuando se haga desde la sinceridad y la honestidad.

Hasta aquí, la parte buena del premio.

Lo que viene ahora es una crítica con intención constructiva, crítica que sale de la recopilación de datos que he hecho a lo largo de tres años, basada en los resultados y medalleros oficiales (siempre que estén disponibles) que he podido encontrar de las 17 ediciones que lleva en funcionamiento.

Me gustaría dejar claro que cualquier crítica o alabanza, no la hago por un interés personal. Cuando cite bodegas y marcas de vinos, lo haré porque son quienes aparecen en los documentos oficiales de la AEPEV, no estaré cuestionando la calidad ni de unos ni de los otros. Si en vez de estar la bodega “X” hubiera estado la bodega “Y”, diría exactamente lo mismo.

Dicho esto: enfermera, por favor, el bisturí.

A grandes rasgos, lo que le falta al premio es más de transparencia. Un concurso como el Mundial de Bruselas (por ejemplo), necesita desarrollar un reglamento complejo para que quede meridianamente claro quién puede participar, cómo se van a evaluar los vinos y por qué un vino puede tener una medalla, un diploma o una tarjetita que diga “Sin premio. Sigue intentándolo”.

El premio de la AEPEV no necesita tanto, por una cuestión muy sencilla, pero de mucho peso: mientras que las bodegas son las que buscan méritos en los concursos de vinos, el premio de la AEPEV te busca y premia a las bodegas, no necesita ser tan puntillosa, no necesita pedir un análisis técnico del vino, ni muestras envasadas.

No obstante, sí que al menos debiera de hacer público un reglamento o unas bases de desarrollo del mismo. Buscando por su web, solo he podido encontrar la descripción premios AEPEV 2021 que poco menos es la descripción que he hecho en la otra entrada. Echo (mucho) en falta algunas definiciones, sobre todo a la hora de diferenciar las categorías de los vinos. Pero de eso ya hablaremos cuando toque.

También sería necesario el que se indicara cuántos socios han votado en cada edición. En los concursos, está normalizado el que nos digan (incluso con cierto orgullo), el número de jurados con los que ha contado.

La AEPEV tiene entre 180 socios (según su perfil de los premios PwC) y 203 (que se indican en esta publicación). Si la principal razón de ser del premio, el orgullo de la asociación, recae en la elección de sus socios, ¡tendrás que poner cuantos votan!

Quizás esto puede parecer una tontería, pero creo que es bastante relevante. No es lo mismo que voten 135 o 150 socios (más o menos el 75%), lo que le daría un gran empaque a los resultados del concurso; a que voten entre 50 o 60 socios (más o menos el 30%) y la cosa quedaría deslucida, sería como en las reuniones de la comunidad de vecinos, que van tres y el del tambor, es decir, las decisiones de unos pocos afectan a toda una colectividad.

Lo siguiente a aclarar es de pura lógica: cuantos puntos o votos han tenido los vinos ganadores.

¿Por qué nos fascina Eurovisión, incluso a sus “haters”?

No es por la música

Es por los votos, es por ver el apoyo que tiene cada canción o cada país. Este premio (teóricamente) no tiene que rendirle cuentas a nadie. Si las votaciones son honestas y sinceras, no puede haber bodega que se moleste porque tal o cual vino la ha sacado X puntos más que los suyos.

Es más, en el caso del premio al mejor vino del año, es fundamental saber cuántos puntos ha obtenido, incluso no estaría de más hace un top 5.

El summum de la transparencia sería publicar, con unos días de antelación, la lista de los vinos nominados. Haciendo una buena comunicación (se supone que es una asociación de periodistas…) y moviendo las listas de una forma atractiva por las RRSS, conseguirían esa transparencia y algo también importante: fijar la atención de un público objetivo, lograr que estén al tanto de ti.

Lo de publicar los resultados del premio el primer minuto del primer día del año, solo podía sonar bien en la cabeza del que lo pensó. El primer minuto del año (para los que no estáis trabajando), la gente está más concentrada en si la yaya no se ha atragantado con las uvas, si el cuñado ya ha soltado la primera gilipollez del año, o si queda aún algo de ese vino tan rico que te han puesto en la copa.

Y seamos sinceros. Se nota bastante que la publicación está programada. Las propias bodegas ya saben que han sido galardonadas antes de la publicación, ya que la AEPEV sólo entrega el premio a aquellas bodegas que han aceptado el premio y se comprometen a ir al evento en el que se entregan los premios.

De la difusión del premio, también hay que hablar, porque tiene tela.

Pero ahora quiero hablaros ahora de las “cosas raras” que he visto en los medalleros.

Digo “cosas raras” porque realmente es muy difícil justificar de una forma puramente estadística la repetición de tantos premios a ciertas marcas y bodegas en años consecutivos, así que prefiero llamarlo “rareza”.

La primera rareza es un patrón que se repite a lo largo de los años.

Una bodega empieza a ser premiada por un mismo vino, premio que se repite en años sucesivos. En ocasiones, consigue premios hasta en dos o tres categorías simultáneamente, e incluso alguno de esos vinos es el más votado en alguna edición. Pero en un momento dado, esa bodega deja de ser premiada. Se acabó. Fijaos en este cuadro.


Observad cómo Marqués de Riscal, Pago del Vicario e incluso Vega Sicilia comienzan a ganar en años consecutivos… para dejar de aparecer en ediciones posteriores. Habla, Torres y Martín Codax, muestran un comportamiento parecido: irrumpen en la escena, la mantienen unos años y después desaparecen.

En estos últimos cuatro o cinco años, son Fariña, Pago de los Capellanes e Hispano-Suizas quienes han empezado a acumular premios. En muy llamativo el caso de esta última, por la intensidad y variedad de categorías en las que está siendo premiada. Ha sido un poco alucinante comprobar que, salvo en el caso de vinos dulces y generosos, ha ganado premios en TODAS las categorías.

Bueno. Tampoco ha ganado nunca el premio a mejor vino del año.

Todavía.

Va a ser muy interesante ver si la presencia de estas tres bodegas persiste en próximos años, o si les pasará lo mismo que a Pago del Vicario.

Y no, no me he olvidado de González-Byass, Torelló o Chivite. Estas bodegas tienen su “rareza” particular, pero esto os lo contaré en la siguientes entradas.

Por hoy ha estado bien y os necesito con la cabeza despejada.

Atentos, que la próxima entrada, promete.

 


07/03/2026

Sobre el premio AEPEV: I. Ni muerto, ni de parranda.

 


Sobre los premios AEPEV (título provisional).

 

Antes de comenzar, tengo que disculparme dos veces.

La primera tiene que ser con los que me seguís por el blog. Como habéis comprobado, hace tiempo que no escribo nada, ni siquiera la transcripción de los episodios del no-podcast. No hay (realmente) una explicación.

Bueno… si.

Que me estoy haciendo un poco vago.

El blog es el alma de A Este Lado del Duero, sin duda. Es el origen, la semilla, pero últimamente la creación y edición del no-podcast me lleva cada vez más horas delante del ordenador, me satura un poco. Me gustaría decir que esto no volverá a pasar, que me comprometo a trabajar un poco más en el blog…, pero estaría mintiendo.

Honestamente, me comprometo a darle un poco más de vidilla, al menos lo voy a intentar, de hecho, he renovado por un año más el dominio, así que…, muchas gracias a los que aún me leéis y me seguís por aquí. Va por vosotros la primera copa del próximo vino que descorche.

 

La segunda disculpa es para todo el mundo, tanto para aquellos y aquellas que me leen, escuchan, ignoran, repudian, aman y/u odian.

En el episodio 22 del no-podcast, titulado “Una de concursos”; no llegaba a afirmar que la AEPEV había fusilado su concurso de vinos, pero que lo había sustituido por un sucedáneo del Bacchus (del que ya hice un largo análisis aquí). Prácticamente lo di por muerto.

Craso error.

El uno de enero miré las redes sociales de la AEPEV para comprobar si habían publicado o anunciado algo sobre el concurso.

No vi nada de nada.

El perfil de tuiter está más que muerto, llevan sin publicar nada desde mayo del 25. En sus perfiles de Facebook e Instagram no aparece nada relacionado con el concurso, y no ha sido hasta el 22 de enero de este año cuando ha aparecido algo y de refilón: tarde, poquito, y por terceros.

Confieso que ni me molesté en mirar su web. Si en sus tres redes sociales no había nada, di por hecho que tampoco lo habría en su página oficial.

Pasan los días, y de repente veo en una publicación (no recuerdo dónde ni de quien), que dice que Pago de los Capellanes ha ganado el premio al mejor vino de la AEPEV 2025.

“Imposible”, me dije. Me pongo a buscar… y bingo.

Ahí, en su web, aparece la noticia de los premios y el enlace a su medallero.

La madre que me parió.

Tengo que reconocer que me he equivocado, que he di prácticamente por muerto el premio de la AEPEV, y aquí lo tenemos vivito y coleando.

Así que, sin más: mis más sinceras disculpas.

Mea culpa, mea maxima culpa.

Dicho esto, poneros las gafas, ajustaros los cinturones, y poned la copa de vino en posición vertical. Por el lado donde se echa el vino, claro.

Voy a diseccionar el concurso de la AEPEV, desde 2009 hasta 2025. Y como no puede ser de otra forma, lo haré por capítulos aquí en el blog y dedicaré un episodio en el no-podcast.

Vamos allá.

 

El Premio a los mejores vinos y destilados/espirituosos de la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino (lo de espirituosos se lo añadieron entre 2023 y 2024), es un concurso/premio curioso y singular. Este en concreto, no reparte puntos ni medallas evaluando vinos mediante una o varias catas.

La asociación pide cada año a sus miembros que indiquen los tres mejores vinos de una serie de categorías. A saber: vinos blancos con y sin crianza en madera, tintos jóvenes, tintos con reserva, espumosos, vinos dulces y vinos generosos; que hayan probado el año en curso. Desde 2019, hay una categoría que han llamado “Premio al vino más innovador” que he ignorado. En la última entrada sabréis porqué.

También les pide que valoren una serie de destilados, pero como ese no es mi negociado, no lo voy a desarrollar.

Una vez que tienen los votos, hacen una nueva lista por cada categoría, con aquellos vinos que han tenido el aval de tres o más socios.  Esta nueva lista se pasa de nuevo a los miembros, y se les pide que de cada categoría elijan 5 vinos y los puntúen de 1 a 5 puntos, siendo 5 para el vino que más les guste, 4 para el segundo y así sucesivamente.

Sumados todos los puntos, se distingue por cada categoría, los tres primeros vinos con más puntos obtenidos (en alguna ocasión se han reconocido hasta cuatro vinos), y aquel vino que haya sido más votado entre todas las categorías, se le da un reconocimiento especial.

Hasta aquí, me parece una idea genial, diferente, algo que, como ya he dicho, es una seña de identidad del propio premio-concurso y de la asociación.

Vale que en otros concursos el sistema de puntuación y elección de los vinos se puede considerar más justo y aséptico: todos los jurados prueban un mismo vino de una misma botella y se le da una puntuación. Teóricamente (y solo teóricamente), estos jurados no pueden hablar entre ellos, no puede haber un debate o cambio de impresiones, lo cual le quita algo de humanidad a esa puntuación, es algo que tiene más de mecánico, de robot más que de humano.

Sin embargo, la metodología de la AEPEV me parece todo lo contrario. Un socio o socia que durante un año ha probado vinos, elige los que más le han gustado, ha podido hablar con otras personas con los que ha podido intercambiar opiniones, puede que alguien le haya hecho notar un matiz que haya pasado por alto, o ha podido conocer los entresijos del vino y lo valore de otra forma. Si decimos del vino trata de contarnos una historia, quién es, de dónde procede, quiénes son los que le han hecho; la historia se completa con quién lo bebe y lo que le hace sentir.

Esto es bueno y malo al mismo tiempo.

Nuestra condición humana nos hace capaces de lo bueno y de los menos bueno. Nuestra condición de formar parte de un grupo, de una tribu, convierte nuestra individualidad en un corporativismo, en ocasiones, para no tan bien como pensamos.

Pero no adelantemos acontecimientos.

En este capítulo, os voy a presentar los resultados del concurso, y en el siguiente las valoraciones y mi opinión crítica, sincera y constructiva.

Voy a suponer que no me seguís por Twitter/Tuiter/X (cosa que os agradecería que hicierais), y que por lo tanto no habéis visto nunca los cuadros con los medalleros. No son demasiado complejos: en las filas están dispuestas las marcas que alguna vez han recibido un premio, y en las columnas aparecerá una “X” en el año o años que han recibido un premio.

Ojo, atención. Hablo de marca y no de vino porque (lógicamente) cada premio casi siempre corresponde a una añada distinta.

Para elaborar los cuadros de esta entrada, he descargado los medalleros oficiales que se encuentran en la web de la AEPEV, para lo que he tenido que realizar tareas de arqueología digital, ya que están algo escondidos y sólo tienen disponibles los medalleros a partir del año 2011. De las dos primeras ediciones (2009 y 2010) he encontrado recopilados en varias páginas web.

Empezamos.

 

Vinos blancos (sin barrica).


Se han premiado 26 vinos distintos, siendo claramente los dominadores de la categoría los vinos gallegos. Poca presencia, casi testimonial, de vinos de fuera del noroeste español. Se ve como hay una evolución de vinos Rías Baixas-Rueda a Valdeorras, siguiendo un poco las “modas” de cada momento. En cuanto a marcas, pocas repeticiones, aunque muy “curiosas”: sólo hay tres vinos con cuatro o más premios. Parece que hay socios fieles a sus vinos favoritos.

 

Vinos blancos con barrica.


Tenemos otras 27 marcas de vino premiadas. La zona de Valdeorras es la ganadora indiscutible, tanto por número de premios como por el podio (As Sortes). Es sorprendente el dominio del norte peninsular. Galicia, Castilla y León, Rioja, Cataluña…, parece que la zona sur y levante tienen poco que ver por aquí, aunque la cosa está más repartida. En cuanto a marcas, solo dos marcas están por encima de los cuatro premios. Algo tuvo que pasar entre la edición de 2017 y 2018, porque hasta el 17, el reparto de premios estaban muy comprimidos entre cuatro marcas.

 

Vinos Rosados.


Posiblemente esta es la categoría más curiosa de todas. Me voy a limitar a dar una descripción como hasta ahora, pero en el análisis…, hay tema, ¡vamos que si hay tema!

18 marcas han obtenido algún premio en las 17 ediciones del concurso. Esto ya nos quiere decir algo. El gran dominador es Pago del Vicario Petit Verdot. No solo es el vino con más reconocimientos de todo el concurso desde el comienzo del mismo, si no que (como veremos más adelante), es el vino que más veces ha ganado el premio al mejor vino del año. Mucha atención también a Navarra, tierra de rosados por excelencia, y en concreto con Chivite, que están muy próximos a rebasar a los manchegos. Ojo también a Hispano-Suizas y su Impromptu que lleva seis años consecutivos ganando. Me sorprende muy mucho la ausencia de más premios para los claretes de Cigales. Algo no se está haciendo bien. Y no son los vinos.

 

Vinos tintos de 1er y 2º año.


31 marcas conforman este medallero. Dicen que en la variedad está el gusto, y esta lista les da la razón. Apenas hay tres marcas que superan cuatro premios, si bien lo más curioso es como Habla del Silencio y Fariña Primero lo han hecho de forma bastante consecutiva. Dominan la tabla la dupla Toro y Ribera del Duero, seguidos por la zona de Rioja (que no denominación, ojo) y de alguna forma ahí están a la zaga Extremadura, Castilla-La Mancha y Utiel. De aquí tendremos que hablar… cositas. Lo que está muy claro es la diversidad de vinos, de calidades. Tienes un Nunmanthia, Alabaster, Pisón, La Nieta, y al lado un Penta (no confundir con Pintia), Cuatro Pasos, Juan Gil… que no quiero decir que sean malos, pero estaremos de acuerdo en que juegan en ligas diferentes, ¿no?

 

Vinos tintos de añadas anteriores.


Este medallero es el más extenso, con 39 marcas que han obtenido alguna vez algún premio. Solo hay un vino que ha obtenido más de cuatro premios a lo largo de todas las ediciones: Calvario. Están casi todos los nombres de la realeza enovitivinícola española: Artadi, Vega Sicilia, Rioja Alta, Mauro, Castillo de Ygay… y Gladiator. A ver si algún día nos enteramos como entró ese vino en esa lista. No lo he probado, no sé cómo será, pero que me llama la atención…, vamos. Echo de menos algún vino, Pingus, Aurum Red… Una cosa que me llama la atención y que también pasa con los vinos blancos: hay varias marcas que tienen premios en ambas categorías, en vinos jóvenes y reservas. De esto también habrá que hablar.

 

Vinos espumosos.


Este es el medallero más corto. 19 marcas, cuatro de ellas con cinco o más premios recibidos a lo largo de los años. Clarísimo (y evidentísimo) dominio de Cava y Corpinnat. Sorprendente podio de un espumoso que está fuera de lo que cabría esperar: un rosado de una casta francesa. Más sorprendente todavía es la presencia de un espumoso sevillano entre los mejores. No lo he probado, no me importaría, pero cuanto menos, es llamativo. Está claro que los socios reducen su consumo de espumosos a dos/tres bodegas… que no digo que sean malas o mediocres, pero creo que se podría abrir algo más el abanico,.

 

Vinos dulces naturales y licorosos.

No diga vinos dulces, diga Pedro Ximenez. Es la uva reina de la categoría, ya sea de la zona de Montilla o de Jerez. El fondillón está ahí, al acecho. Muy poca presencia de otras variedades o zonas, me extraña muchísimo la ausencia de más vinos moscateles que se hacen en casi toda España. Da la impresión de que los socios prefieren los vinos con larguísimas crianzas. Aunque solo tres marcas de las 27 existentes en el medallero tienen 4 o más premios, casi siempre son las mismas bodegas las premiadas.

 

Vinos con crianza biológica, oxidativa y mixta.

Esta categoría la podían haber llamado perfectamente Jerez. Que sí, que al igual que al decir vino espumoso nos vamos a ir todos a Cataluña, decir vino con crianza oxidativa o biológica todos nos vamos a ir a Jerez o a Montilla-Moriles. Hasta cierto punto estoy de acuerdo y es lo lógico. Se han premiado unos pocos fondillones, un dorado de Rueda y un vino bajo velo sevillano. Quizás se debiera tener un poquito más de apertura de miras. A pesar de que hay unas pocas manzanillas y de finos, al igual que con los vinos dulces, los socios prefieren vinos con muchísima solera.

 

Vino más votado del certamen.

Me ha parecido curioso añadir también esta categoría aquí y ahora. No voy a deciros mucho. Si habéis llegado hasta aquí, si habéis leído y visto los cuadros más o menos…, me gustaría saber MUCHO vuestra opinión sobre los vinos MÁS VOTADOS cada año.

Sólo voy a decir una cosa.

Bueno, dos.

Lo del rosado de Pago del Vicario… mucha tela. Pero lo que más me llama la atención es la bodega que no está ahí, pero es la que más vinos premiados tiene estos tres/cuatro años. ¿No es un poco raro?

 

Hasta aquí la entrada descriptiva. En las próximas entradas, nos meteremos a saco con el concurso. No necesito que os estudiéis los medalleros (porque es tontería), pero si estaría bien que los rumiaseis un poco, a ver si veis tantas cosas raras como yo estoy viendo.