Hace
poco más de dos meses, un gol
de Ferrán Torres nos convertía en campeones del mundo.
En
estos tiempos dominados por las redes sociales, nos enteramos cómo los
jugadores lo celebraban juntos dentro del vestuario, prácticamente en directo…
También,
cómo lo celebraron después con sus familias y sus amigos, todo perfectamente
documentado por sus propias fotos.
Al
día siguiente, nos iban subiendo las fotos que se iban haciendo desde el autobús
descapotable que recorría las calles de Madrid, llenas de gente volcada con los
nuevos campeones del mundo
De
entre todas las fotos, noticias y comentarios que aparecían en Tuiter, me
sorprendieron y extrañaron aquellas en las que aparecían jugadores de la
selección española y muy española, bebiendo vino durante las celebraciones.
Lo
que me sorprendió no fue que bebieran vino. Lo que me sorprendió fue que se
trincaran unos vinazos del copón. Lo habitual en estos casos es verlos
empapados en cava, en champán o en cualquier otro espumoso random del que
normalmente no trasciende su marca… y que solo nos va a interesar a los “raritos”
del vino.
Y
no…, hoy no vengo a contaros lo que bebieron.
Hoy
os cuento lo que NO bebieron.
Marcos
Llorente (uno de los jugadores de la selección española), fue uno de los que
más fotos publicó en Instagram. En
algunas, aparece con una copa o una botella en la mano, normalmente acompañado de
otros jugadores, que visto lo visto, asco no le hicieron.
La
primera de esas fotos, hecha pocas horas después de proclamarse campeones del
mundo, se ve a Llorente junto a Ferrán Torres y Marc Pubill tomándose un
Château Rayas 2014, un vino de culto para los expertos que, por lo bajo, sale a
unos 1.000€ la botella.
Ya
en España, durante las celebraciones por Madrid, publicó otra foto: la de una
enorme nevera que había subido al bus, cargadita de hielo y de varias botellas
de vino:
—
Salon Blanc de Blancs. (Sí, ese champán Salon por el que la gente no duda en
hacer un ridículo
espantoso para conseguir gratis cuatro miserables gotas en su vaso
de plástico.)
—
Meursault de Coche-Dury. Uno de los borgoñas blancos más buscados del mundo.
—
Krug. No, no es un champán klingon, es más francés que Deschamps.
—
Y también un Louis Roederer Cristal. Este es el espumoso más asequible,
“apenas” cuesta… 300€
Un
par de días después, la
prensa nos mostró como Llorente y Ferrán Torres se trincaron también
un Romanée-Conti Grand Cru en Ibiza. Según el propio artículo, esa botella
sería de la añada del 2019 y podría costar unos 24.000€ la botella.
Evidentemente,
estos vinos no te los encuentras en el Carrefour, son el sueño húmedo de muchos
“entendidos”; son vinos que están al alcance de pocas personas, tanto por
precio como por disponibilidad.
Antes
de seguir, quisiera dejar una cosa clara: me parece genial que cada cual
celebre lo que le dé la gana con la bebida que le dé la gana. Cerveza, vino,
kombucha o una Coca-Cola rebajada con un Pata Negra.
Esto
no va a ir de criticar lo que bebe o deja de beber Marcos Llorente y compañía.
Sus fotos (la de los vinos, me refiero) generaron
conversaciones y debates interesantes en las redes. Yo seguí uno de ellos tras
leer este post en Tuiter
del podcast Todo para compartir.
Estoy
muy de acuerdo con su premisa. Siempre me va a parecer bien que el vino sea el
protagonista de una celebración pública, ya sea porque España es campeona del
mundo de fútbol o porque Fernando Alonso consiga terminar quinto y de una pieza
un Gran Premio.
El
vino, de por sí, ya tiene ese aura de celebración. Por ejemplo:
¿Empiezan
las vacaciones?: abres un vino y lo compartes.
¿Vas
a ser padre?: ¡abres un vino y lo compartes!
Llegan
las navidades: abres muchos vinos, y alguno, hasta lo compartes.
De
hecho, el día de la final, muchísimos perfiles de Tuiter y de Instagram subimos
la foto del vino que nos íbamos a beber durante el partido. Yo, por
ejemplo, abrí un Finca Tiramulos crianza que estaba fabuloso.
Hasta
aquí estamos de acuerdo: el vino es una cosa fantástica para celebrar, sobre
todo si lo compartes.
Pero
la realidad es otra. Creer que esto va a tener alguna repercusión positiva real,
tangible, que esto pueda mejorar en algo la imagen del vino en España… no sé,
no lo veo.
Afortunadamente
para el deporte español, esta no es la primera vez que un deportista de élite
gana algo grande. Hemos visto grandes victorias del propio Fernando Alonso, de
Rafa Nadal, de Alcaraz (por citar solo a tres), verlos abrir una botella
de espumoso, duchar a sus rivales y pegar después un trago que tiene que saber
a gloria, pero hasta ahora, jamás nos habíamos planteado si esto era bueno,
mejor o cojonudo para la imagen del vino.
Que
sí, os veo venir: “¡es que eso es el ritual del podio, no es lo mismo que
Llorente apareciendo con una nevera llena de vinazos!”
Bueno,
según se mire, pero…, ya que estamos hablando de rituales, vamos a fijarnos en
un detalle.
Creo
que todos tenemos en mente que el champán o espumoso de Formula 1 siempre ha
sido de alguna bodega francesa. Pues bien. Entre 2021 y 2024 el espumoso del
podio paso a ser un Ferrari
Trento. Eso quiere decir que alguien en Italia se
molestó en estar ahí. Se molestó en que su botella saliera en todas las fotos
de todos los podios del mundo. Quedaros con este concepto, que un poco más
abajo tendrá su sentido.
El
mensaje de las fotos es claro y sencillo de entender: figura pública española +
celebración = vino. ¡Perfecto!
Esto
sería válido si sólo nos quedáramos con la foto, con la idea simple, porque en
el momento en el que profundizamos un poco, nos vamos a encontrar con hasta
tres problemas.
Problema
número uno: se puede interpretar que el vino bueno es caro, y que solo se lo
pueden permitir los millonarios.
Os
cuento una anécdota. Dos o tres días después de la celebración en Madrid, un
compañero de trabajo me enseña en su móvil la foto de una botella de Salon que
Llorente subió a sus redes. El compi me dice, “oye, Víctor, ¿Cuánto puede
costar una botella de estas?” Cuando le dije que entre mil quinientos y dos
mil euros, le cambió la cara. Me contestó que eso es más o menos su presupuesto
para irse de vacaciones a la playa, o lo que él se gasta en vino en más de un
año. Alucinó cuando le conté que ese vino no era el más caro que se habían
bebido.
Está
claro que las fotos han causado interés.
Ya
lo del precio, le tiró un poquito p’atrás.
Problema
número dos: también parece que siempre el vino bueno es el que viene de fuera.
Tampoco
es novedad. Hay una foto icónica de Julio
Iglesias sentado en su jet privado, delante de una mesa en la que
hay un cubo de pollo frito, una tortilla de patatas bien hermosa y una botella
de tinto. Esa imagen podría sintetizar España entera: el mítico Julito
dispuesto a meterse una tortilla de patatas con un buen tinto. Solo echo en
falta el pan.
Pero,
¿qué pasa si le hacemos zoom a la foto y miramos la etiqueta de esa botella?
Pues que resulta ser un Château Lafite-Rothschild...
Me
da que este no es ni de Toro ni de Valtiendas.
E
insisto, porque quiero que quede clarísimo: esto no va de si Julio o si
Llorente se pimplan a base de vino francés.
Problema
número tres: le hemos regalado la copa a los franceses.
Para
mí, esto es lo más grave. Nos merendamos a Francia en las semifinales del
Mundial, pero les hemos hecho campeones del mundo en Instagram.
¿Y
por qué? ¿Porque unos jugadores españoles aparezcan brindando con vino francés?
NO.
Que
beban lo que les dé la gana.
La
cuestión es ¿por qué nuestros vinos no estaban allí?
¿Alguien
se imagina que, de haber ganado Francia, sus jugadores lo celebrarían sólo con botellas
de vino italiano? ¿O que, si llega a ganar Alemania, se ducharían a base de barriles
de cerveza belga?
Estoy
cansado de escuchar que la aspiración del vino español tiene que ser la de
ponerse a la altura de los vinos franceses o italianos, que dada la calidad de
nuestros vinos, tendríamos que equipararnos a ellos en precio, mejorar nuestra
visibilidad.
Pero luego llega la mejor oportunidad en
décadas… ¡y no aparece nadie!
¿Dónde
está esa Marca España cuándo se la necesita? ¿No se le ocurrió a nadie de Corpinnat,
del Penedès, de Cava, Rueda? ¡qué sé yo!
¿En
serio que a nadie se le ocurrió meter un par de cajas de nuestros mejores
espumosos en ese autobús? Que oye, a lo mejor sí estaban, pero no es lo que ha
transcendido.
Lo
más curioso de todo es que hay un vino oficial de la selección española. Hasta finales
de 2027 será Ramón Bilbao.
Ramón
Bilbao ha montado una campaña que se llama “Levanta
la copa”, alrededor de una edición especial de su crianza 2022,
con una etiqueta que hace alusión al fútbol y con motivos de la Federación
Española de Fútbol.
Yo
esa campaña y esa botella no las he visto, me he enterado buscando información
para este episodio; y mira que Ramón Bilbao es una marca con presencia en
hostelería y en supermercados, es decir, no pasa desapercibida.
Eso
no quiere decir que no exista, evidentemente, pero me resulta rarísimo no
habérmela cruzado ni siquiera en redes.
La
cerveza que patrocina a la selección, en cambio, esa sí, esa se vio en todas
partes. Se movió, se dejó notar, incluso en el autobús se vieron latas tiradas
en el suelo. Y lo mejor para ellos es que las fotos del vino francés y la
ausencia de vinos españoles, les pueden dar para dos o tres campañas
publicitarias gratis a poco que se lo curren los publicistas.
Yo no sé si mi compañero comparará algún día un
Romaneé Conti o un Château Rayas… No parece probable, ni creo que yo los pruebe
tampoco. Pero lo que sí tengo claro es que, dentro de unos años, recordaremos aquel
mundial de 2026 por el golazo de Ferrán Torres y aquel extravagante jugador
español con su nevera repleta de vinos franceses.
Tuvimos
la oportunidad, y cómo siempre, la dejamos escapar.
Esto sí que es la Marca España.
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