25/03/2026

Sobre los premios AEPEV: V. Tostonazo y conclusiones.

 



Y, ya por fin, vamos a poner el punto final a esta entrega sobre el premio AEPEV.

No tenía intención de que fuera tan larga, pensé que 3 entradas serían suficientes para explicarlo, y la verdad, he tenido que recortar un poco porque me salían como unas dos entradas más.

1.    ¿Por qué he diseccionado este premio?

Desde hace unos años, vengo siguiendo una serie de concursos y premios que tienen que ver con el vino español.

Personalmente, no me interesa (ni valoro) si un vino ha tenido esta o aquella medalla o si tiene muchos premios, pero lo que me interesa de un concurso o de un premio, es si realmente están premiando la calidad; o si por el contrario, es un mero artilugio de marketing, tan útil como un anuncio en mitad de la película o esa propaganda del súper que atiborra el buzón.

Si me sigues, ya sabes que hace tiempo analicé el concurso Bacchus. Lo que hizo que me fijara en él, fue el abultado número de medallas que recibió García-Carrión en apenas dos años.

En el caso del premio de la AEPEV, ha sido la bodega Pago del Vicario la que ha llamado mi atención, a raíz de los numerosos premios que ha obtenido su rosado petit verdot, a lo largo de la historia de este concurso.

Insisto en que no me mueve ningún interés personal el analizar y criticar este premio y/o a la organización del mismo. Valoro mucho que haya una asociación de periodistas y escritores del mundo del vino que se lancen a realizar un evento como este, que, además, no les supone ningún beneficio directo.

Dicho esto, vamos a entrar en harinas.

Me encanta el esqueleto del premio/concurso. Me gusta mucho. Tiene un potencial bestial a poco que se desarrolle y se sea capaz de difundirlo, y estos son sus dos primeros problemas.

Como ya dije en las anteriores entradas, el premio de la AEPEV tiene un reglamento demasiado básico, al menos el que he podido encontrar es así.

El que, por ejemplo, las categorías estén sin definir, hace que sea un poco catastrófico. Me vuela la cabeza el que un vino en una edición se pueda ser premiado en la categoría de vino blanco sin crianza en barrica, y a la edición siguiente sea premiado (el mismo vino, con las mismas características, pero de distinta añada) en la categoría de blanco con crianza en barrica.

También puede ser que un vino tinto crianza puede ser premiado en dos categorías distintas en función de cuando es consumido. Que si, que se trataría de dos ediciones distintas de dos añadas distintas, pero es que se trata del mismo vino, también con las mismas características.

Otro ejemplo, la categoría que se llama vino tinto de primer y segundo año, ¿exactamente qué es? Porque una maceración carbónica no tiene nada que ver con vinos jóvenes o con algún tipo de crianza, es como comparar a equipos de fútbol, baloncesto o remo olímpico porque el único denominador común entre ellos es que los jugadores tienen más o menos la misma edad.

Algo parecido sucede con los vinos dulces. Los vinos más premiados, los PX, tienen más en común con los vinos de la categoría de manzanillas, amontillados y olorosos, que realmente con otros vinos dulces.

En fin.

Puedo entender que no se pueden hacer infinitas categorías, ni que sean demasiado ajustadas, pero creo que tampoco creo que deban de ser un batiburrillo en el que quepa todo. Está bien que el concurso sea elástico, pero tiene que haber un límite.

 

Tampoco es lo más raro de este concurso, y por raro en este premio, me voy a referir a cosas que o no tienen una explicación aparente o lógica.

La primera de ellas es la ausencia de todo dato relativo a los resultados del premio, es decir, se supone que cuando los vinos son premiados, primero tienen que venir de una selección previa, y salvo en dos ediciones (2023 y 2025), esta lista no se ha publicado oficialmente. No hace falta que se muestren todos los vinos que han sido nominados, pero al menos sí que se deberían publicar los finalistas, por dos razones: va a dar muchísima transparencia al concurso y te permite crear expectación, si es que realmente lo que quieres es crear interés por el concurso.

Lo segundo, es que no siempre sabemos cuántos puntos o votos han tenido estos vinos. Esto permitiría calibrar, dimensionar a los ganadores, tanto entre los vinos ganadores de una misma edición, como en los vinos ganadores en ediciones pasadas y futuras.

Como mucho, la AEPEV (algún año suelto) ha publicado que tal vino ha sido el más votado en tal o cual edición con “X” puntos, pero eso no se hace siempre ni en todas las categorías. Para mí es algo que no tiene sentido, no es coherente. Quedaros con este concepto, que enseguida lo retomaremos.

Lo tercero, es que no sabemos cuántos socios participan en el concurso. Esto quizás os pueda parecer algo trivial, pero realmente tiene bastante importancia.

Cualquiera que haya estado metido en una asociación, comunidad de vecinos, hermandad, o incluso en un círculo de amigos, sabe que en el momento que hay que tomar decisiones, mucha gente evita mojarse, prefiere que las decisiones las tomen otros. Y hay gente que le gusta tomar decisiones y que se siente en su propia salsa en este tipo de situaciones. Incluso alguno se cree la reencarnación de Pericles.

La AEPEV se enorgullece de que este premio se basa en sus socios, en los votos que emiten de vinos que han sido catados, probados, bebidos a lo largo de todo un año. Este el punto fuerte de este premio, es lo que les hace distintos.

Tal y como ellos se denominan, son los líderes de opinión del mundo del vino en España (no me atrevería a decir en español). De una forma altruista, gente que en un año han probado 50, 100, 500 vinos te están dando una lista de lo mejor de lo mejor.

Es sencillamente genial.

Ahora bien. ¿Cuántos socios y socias votan realmente?

La AEPEV tiene aproximadamente 180 socios. Hay años que tiene más, otros que tiene menos, pero voy a tomar 180 como referencia.

Si todos o casi todos los socios votaran, sería todo un acontecimiento, es más, no dudo que la propia AEPEV lo estaría reivindicando, por prestigio, por transparencia y como signo de lo bien que funciona todo. Pero me da a mí que no muchos los socios y socias votan.

2.    El tostonazo de datos.

Tengo que ser un poco farragoso con los datos de las votaciones, porque para llegar a esta conclusión, necesito explicaros algunos datos, de donde salen. Que si me crees a pies juntillas, puedes saltarte hasta la sección nº 3, aunque yo te recomiendo que continues leyendo.

La elección de los mejores vinos, se divide en 2 votaciones:

-       Primera votación:  cada socio elige un vino por categoría y la asociación hace una lista de nominados. Para que un vino pase a la lista de finalistas, ese vino tiene que recibir al menos 3 nominaciones. Eso quiere decir qué, como mucho, la lista finalista estará compuesta por N/3 vinos, donde N es el número de socios. Ejemplos: si votan 70 socios, como mucho, la lista de finalistas será de 70/3≈23 vinos. Si votan 120 socios, entonces 120/3=40 vinos. Pero como no somos seres cuadriculados, lo más normal es que los socios dispersen más el voto, por lo que he supuesto una horquilla lógica para esta lista de finalistas, que va desde la mitad del número máximo de vinos de la lista, y la mitad del número máximo más cinco. Ejemplo: para 70 socios, la horquilla va de 23/2≈11 vinos y (23/2)+5≈16 vinos. Para 120 socios, la horquilla va de 40/2=20 vinos y (40/2)+5=25 vinos.

-       Segunda votación: se pasa la lista de finalistas a los socios, y estos eligen 5 vinos por cada categoría. A cada vino elegido, se le otorgan 5, 4, 3, 2, ó 1 puntos, es decir, cada socio reparte 15 puntos (5+4+3+2+1=15). Esto quiere decir qué en cada categoría se reparten 15×N puntos, y que cómo máximo, un único vino podría sacar como mucho 5×N puntos. Ejemplos: para 70 socios, en cada categoría se repartirán 15×70=1050 puntos, y un vino como máximo podría obtener 5×70=350 puntos. Para 120 socios, se repartirán 15×120=1800 puntos, y un vino como mucho podría obtener 5×120=600 puntos.

Hasta aquí, la teoría. He escogido 70 y 120 socios porque representan una cantidad medio baja (≈40%) y medio alta (≈67%) de los socios, pero si queréis poner otras cifras, ya sabéis el método.

Como os dije antes, la AEPEV no siempre publica la puntuación que otorga a sus vinos, pero bichendo por internet, he conseguido las puntuaciones de los vinos que obtuvieron el premio al vino más puntuado en varias ediciones, y que son:

-       Pago del Vicario rosado Petit Verdot 2014 (edición 2015): 124 puntos.

-       Don PX 1986 Toro Albalá (edición 2016): 115 puntos.

-       Gramona Celler Batle brut 2010 (edición 2020): 152 puntos.

-       Don PX 1999 Toro Albalá (edición 2021): 131 puntos.

-       Pago Carraovejas 2020 (edición 2022): 132 puntos.

Estas puntuaciones son relativamente bajas, de acuerdo a cómo funciona el concurso, y esto sólo puede deberse a dos causas:

-    Primera:  las puntuaciones están muy diversificadas, quizás las diferencias de puntuación entre un vino y otro sean de apenas 5-15 puntos.

-       Segunda: la participación en las votaciones es baja.

La primera implica que los empates en puntuaciones tienen que ser muy frecuentes (incluso en los primeros puestos), siendo bastante probables incluso triples y cuádruples empates en los primeros puestos.

Yo me inclino a pensar en la segunda opción: es las más plausible, un poco más abajo os digo porqué, pero todo es debido a que una baja participación implica que los puntos a repartir estén más ajustados.


En este cuadro, os he indicado, en función del número de socios que votan, los vinos que pasarían a la lista de finalistas (los máximos y la horquilla que he propuesto), así como los puntos que se reparten en cada categoría. Justo al lado, os he puesto la puntuación de los cinco vinos que os he mencionado antes, y en este caso, os he indicado qué porcentaje de voto se habría llevado sobre el total de puntos de la categoría. Por poner un ejemplo, el vino que ha ganado con 124 puntos, tendría el 16,53% de los puntos si hubieran votado 50 socios, un 13,78% si hubieran votado 60 y un 11,81% si hubieran votado 70.

Por todo ello, me cuadra que el número de votantes (a tenor de los casos conocidos), tienen que estar ente los 50 y 90 socios.

Me hubiera gustado poner un ejemplo real, pero como os he dicho, la AEPEV tampoco publica la lista de vinos finalistas normalmente. Cuando sacó  la de 2023, hice un hilo en Twitter bajo el haghstag #porraAEPEV. Si os fijáis, presenta unos 20 vinos en la lista, lo que se ajusta a la banda de 90 votantes. La de 2025 también se ha publicado, y un poco más adelante hablaré de ella.


Os dejo también este cuadro, en el que relaciono los puntos que se han dado, respecto al número máximo de puntos que se puede dar a un único vino. Por ejemplo, el vino que ha obtenido 115 puntos, de haber votado 50 socios supondría que ha obtenido el 46% del máximo de votos, el 38,33% si hubieran votado 60, o el 32.86% si hubieran votado 70.

Hasta aquí el tostonazo de datos.

 

3.    Sacando conclusiones.

Tras darle muchas vueltas, tras leer todos los resultados, tras ver ciertos patrones que se han repetido a lo largo de todos estos años, he sacado las siguientes conclusiones.

Participación baja o muy baja:  sobre todo en la segunda votación. A excepción de las dos categorías de tintos, en todas las categorías se van sucediendo premios a las mismas bodegas, a los mismos vinos, en ocasiones de una forma continuada y repetitiva. Pueden suceder dos cosas, que muchos socios estén entregados a los encantos de una bodega o un vino; o (lo más probable) hay pocos socios que votan en la segunda votación. Realmente, el concurso no necesita forzosamente de una “mano negra” o una “orden” de nadie para que se repitan resultados y salga elegido tal o cual vino. Con 20 socios votando año a año con 5, 4 o 3 puntos a un mismo vino o a una misma bodega, enseguida se obtienen 80-90 puntos. ¿Puede que estos 20 socios trabajen a favor de obra? Pues, a ver, como todo en la vida. Entre los premiados hay vinos raros que sólo han sido premiados una vez, vinos que quizás no son los más conocidos ni tienen una distribución homogénea por el país. Por poner dos ejemplos, Gladiator, un vino extremeño ganador en categoría de grandes tintos, y Umbretum, un espumoso sevillano codeándose con la realeza del espumoso catalán. Que no estoy diciendo (Dionisos me libre), que estos vinos sean malos o no merezcan premio, ni mucho menos; pero para que estos vinos tengan suficientes puntos como para ganar un premio e imponerse a otros vinos con mejor reputación y distribución, sólo pude deberse a que por detrás hay movimiento. ¿Con qué fin? Ni idea, la AEPEV no hace entrega de un premio en metálico, ni tampoco es un premio que tenga una repercusión publicitaria muy amplia que digamos.

El que haya bodegas como Pago del Vicario, Hispano-Suizas o González-Byass, que año a año han ido ganando muchos premios, no sólo refuerza mi idea de que la participación es baja. Estadísticamente es complicado explicar que un mismo vino gane durante años consecutivos el mismo premio, o que le bodega tenga más de 2 premios en una misma edición. Forzosamente, la participación tiene que ser baja, me atrevería a decir que por debajo del 50% del número de socios. En el caso de que votaran muchos socios (100 o más), 125 puntos son insuficientes como para poder obtener un premio, y ni de lejos, serían suficientes para ser el vino más votado.

El sistema de votación beneficia a los pequeños grupos que votan “coordinados”: aunque, como ya he dicho, me gusta mucho la forma en cómo está construido el premio, quizás es tiempo de darle una vuelta al sistema de votación. Vaya por delante lo siguiente. No creo que exista una maldad o una mala obra en estos premios, pero seamos sinceros. Este no es un premio que esté en boca de todos los entendidos, no es el premio de referencia para la compra de un vino, no es el Bacchus, el CMB; ni tiene el peso mediático como pueden tener las guías y listas de otros divulgadores y gurús del sector. Tengo la sospecha de que muchos de los vinos premiados (quiero creer que DE BUENA FE), se está votando para ayudar a algunas bodegas.

También creo que la asociación debería poner más difícil que posibles votaciones “coordinadas” sean relevantes a la hora de obtener premios. Con el actual sistema de puntuaciones, esto solo se consigue aumentando la participación. Tal y como se puede ver en los cuadros de más arriba, cuanta mayor sea la participación, más puntos se necesitan para que un vino tenga un reconocimiento por el mero hecho que hay más puntos a repartir, por lo que es más difícil que un voto coordinado dé un premio a un vino, por el mero hecho de que necesitas a más socios para poderlo hacer.

 

Tienen que mejorar (muy mucho) la transparencia del premio: publicar el reglamento del premio, bien definido, claro, meridiano; publicar la lista de vinos finalistas, la participación de los socios. Ojo, no quién ha votado qué. No. Sólo los números generales. Si otros concursos de vinos tienen a gala decir cuántos jurados han participado, este premio no puede ser menos (si lo que se quiere es darle cierta importancia). También estaría muy bien saber si una bodega ha rechazado el premio. Hay una norma del concurso que indica que solo se entregará el premio a aquellas bodegas que acudan a la gala de entrega de los mismos. Si una bodega, por la razón que sea, me es indiferente; no quiere aceptar el premio o no le interesa aparecer en esa gala, debería darse a conocer, o al menos declarar ese premio concreto como premio desierto.

Cosas raras con los tintos: ¿por qué los vinos tintos no siguen los mismos patrones que en el resto de categorías? Sin lugar a dudas, las dos categorías de tintos son las que más premiados distintos tienen. La categoría de tintos de otras añadas, concretamente, a excepción de la edición de 2023, siempre ha premiado uno, dos o incluso tres vinos que nunca antes había sido premiados antes. ¿Por qué existe esa volatilidad con los tintos y no con los blancos?, ¿puede ser que esta categoría cuente con el voto más disperso del premio?

Justo lo contrario con los espumosos y generosos: básicamente los premios que se conceden en estas categorías, se concentran en 4 ó 5 bodegas cada una, en distintos vinos, vale; pero parece que los socios no salen del do, re, mí, ni tampoco de las bodegas de gran renombre. Eso, ¿qué quiere decir, que sólo puntúan lo conocido, no prueban vinos de bodegas más pequeñas? Porque en el resto de categorías pasa mucho más a menudo.

Cosas grises, casi negras: no me resisto a comentar un par de cosas un tanto… turbias.

Antes de comenzar, me gustaría volver a insistir en que en ningún momento trato de minusvalorar a ningún vino, ni ninguna DO, al contrario. Esto es una crítica constructiva al concurso, en ningún caso es una crítica a los vinos y bodegas premiadas.

De hecho, no tengo ninguna razón como para pensar mal sobre los premios, no hay ninguna prueba irrefutable que demuestre lo contrario, PERO…, a la vista del cuadro de los vinos más votados, me surgen dudas.

Pago del Vicario, Martín Codax o incluso el ganador de la última edición, Pago de los Capellanes, son vinos facilitos de encontrar (y de pagar), no se van demasiado de madre. Pero, los PX de añadas antiguas (1986, 1999…), un fondillón de 1996, Kripta, el Gramona…, no son vinos tan accesibles como para que pueda ser votado por muchos socios. Me cuadra que puedan estar en la lista de finalistas, solo se necesita el apoyo de 3 socios, eso es fácil.

Obtener 152 puntos como obtuvo el Gramona Celler Batlle en el 2020, por lo más bajo, necesitaría 30 socios que le dieran 5 puntos (y otro que le diera 2), algo que de por si es complicado…, salvo que se haga a propósito, y no creo que sea lo más probable. Lo más probable que muchos socios le hayan dado 5 puntos, pero muchos más que le hayan dado 4 y 3 puntos.

Y lo mismo va a pasar con el resto de vinos, que acabo de citar, se necesitan muchos socios votando, aunque sean 5, 4 o 3 puntos, pero ¿realmente hay tantos socios que han bebido esos vinos, o se está puntuando de oído?

Otro caso un poco feo, es el siguiente.

Cuando encontré el listado de premiados de esta última edición, la de 2025 en la web de la AEPEV, me saltó esta otra noticia: “Estos son los diez vinos de Cangas que se encuentran entre los mejores de 2025 en los premios de la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino y de los Espirituosos”.

¿Cómo que diez? Pensé que se trataba de un error. Repasé la lista de ganadores del premio, y allí sólo había 2 vinos de Cangas, me faltan 8. Pensé que podrían hacer referencia a los premios del otro concurso de la AEPEV, el PwC, pero tampoco. Mi maginé que se trataba de un error de la asociación. Por más que busqué en internet, no encontraba más que la misma información. A mayores, había unas declaraciones del presidente de la DO, Adrián Fernández, refiriéndose a una visita del presidente de la AEPEV, que decía: “En esa visita [el presidente de la AEPEV] conoció las bodegas y probó los vinos y parece ser que se llevó unas cuantas botellas para catar, pero no sabíamos nada, así que recibir los premios fue una sorpresa”. Algo no me cuadraba. ¿Cuántas botellas se ha llevado ese hombre, de qué vinos? Es más, ¿cuántos socios han catado esos vinos como para que hayan obtenido dos premios?

Visto que no avanzaba en ninguna dirección, di por muerta esta “rareza”. Pero mira por dónde, buscando información para hacer todas estas entradas y el guion del podcast, me encuentro de casualidad con esta publicación de la emisora de Onda Cero en Cangas de Narcea con dos capturas de pantalla de los vinos finalistas de 2025. Y si, ahí están 10 vinos de la DO Cangas nominados, que no premiados.



(imágenes procedentes de la publicación de la emisora)

10 vinos en 4 categorías distintas.

Eso significa que, como mínimo, 9 socios han debido de nominarlos (recordad que cada socio puede nominar a un vino por categoría), pero se necesitan muchos más socios para que obtengan un premio.

¿Puede que, independientemente de la visita del presidente de la AEPEV, estos vinos hubieran sido nominados y premiados?

Hombre, pues nominados…, es factible, aunque no quizá los 10.

¿Ganadores? Si se dan las circunstancias…, pero complicado.

Siendo completamente sincero.

No es ilegal ni va en contra de las propias normas del concurso, pero queda muy feo que después de una visita a la DO, aparezcan (de repente) 10 vinos finalistas de una DO que nunca antes había tenido premio, y presumo por las palabras del presidente de la DO, nunca antes habían quedado vinos en lista finalista.

Por cierto, después encontré la lista de finalistas del 2025, escondidita en un artículo de 4 líneas. Pasa muy inadvertido. Y no. No hay un listado de puntos.

¿Hay cosas curiosas en este listado?

Por supuesto que sí, unas cuantas, pero como esto ya está quedando largo (y aún me queda por comentar un par de cosas más), he aquí un pequeño resumen:

-     Baja participación: con 16/17 nominados por categoría, la participación de la primera votación está entre los 50/100 socios, me atrevería a decir que sobre los 55. 

-       Sospecha: he visto una bodega que nunca antes ha tenido premio, y en la edición de 2025 tiene dos vinos en la lista de finalistas. Uno de ellos ha resultado ganador. Curiosamente, esta bodega recibió una visita de la AEPEV en 2025, y curiosamente, esta bodega es ahora una entidad colaboradora de la AEPEV. Curiosamente.

-       Ya están aquí: Pata Negra reserva 2020, Cava Pata Negra rosado brut y Cava Jaume Serra Bouquet brut. ¿Será la edición de 2025 la última que no había premiado hasta entonces a ningún vino de García Carrión?

-   Once: hay un vermut de Cangas que está en la lista de finalistas de su categoría, concretamente de la bodega Monasterio de Corias, luego serían once los “premiados”-finalistas de Cangas en esta edición.

 

4.    Despedida y cierre.

Sigo pensando que el premio de la AEPEV es un concurso de mucho potencial. Como todo en la vida, no es perfecto, lo pueden mejorar mucho sin que realmente necesiten romperse la cabeza. Concretar mejor el reglamento (y publicarlo), mejorar la transparencia de la mecánica y resultados del concurso; y sobre todo, aumentar la participación de los socios, deberían ser la principal tarea de su junta directiva, si es que les interesa continuar con este formato.

Pero también tienen que hacer un gran, gran, gran trabajo de comunicación. Ser una asociación de periodistas y escritores y que apenas informen sobre su propia creación, parece un oxímoron. Ya en el episodio 22 del no-podcast criticaba que la asociación apenas está presente en las redes sociales, deja en manos de terceros la publicación del resultado de sus propios concursos. Un par de publicaciones a la semana en Instagram, tres publicaciones al mes en Facebook y la cuenta de tuiter muerta, eso no es comunicación. De nada sirve que hagas una publicación en Facebook en la que digas “AEPEV es el lugar donde la palabra y el vino se encuentran”, para que luego sus perfiles estén quietecitos.

Tienen los mimbres de un buen concurso, tienen la posibilidad de hacerlo grande, conocido, pueden incluso hacerlo divertido, pero tienen que hacerlo. Tienen que tener las ganas de hacerlo, escuchar las críticas de sus propios socios, que lo mismo la baja participación viene de ahí, de que la socia y el socio habla, pero no se le escucha.


21/03/2026

Sobre los premios AEPEV: IV. Cosas...raras (y 2)

 


Venga, vamos a por la cuarta entrega de esta disección del Premio AEPEV a los mejores vinos de España.

Hemos visto ya la estructura del premio, cuales son sus deficiencias mejorables (sin que sea una locura corregirlas) y las disonancias de los medalleros de las categorías de blancos, rosados y tintos.

Vayamos ahora a por:

Vinos espumosos.


Es evidente que esta categoría tiene que tener alma catalana: Cava, Corpinnat y Penedés son los grandes elaboradores de espumosos en España y son quienes acaparan más del 95% de los premios concedidos en la historia del premio. De hecho, el único vino fuera de esta zona espumosa, es un vino… sevillano: Umbretum.

Vale que hay pocas elaboraciones de espumosos fuera del amparo de estas denominaciones capaces de competir con la crème de la crème de esta clase de vinos, y más sorprendente es que este vino sevillano haya ganado en dos ediciones.

También resulta sorprendente que en 17 ediciones se hayan premiado a sólo 9 bodegas. Pero es que, además, las tres que más premios han obtenido, acaparan 35 de los 53 reconocimientos otorgados.

Estas tres bodegas son Agustí Torelló y Gramona (con 12 premios cada una), y atención… Hispano-Suizas (con 11). Lo de esta última bodega, ya no es una sorpresa, al menos en este concurso.

Hispano-Suizas es una bodega ubicada en Requena, Valencia; que elabora sus espumosos bajo el amparo de la DO Cava. Su vino Tantum Ergo ROSÉ PINOT NOIR (¿dónde habré leído esto de rosado pinot noir antes…?); es el máximo ganador de la categoría.

Y si te lo estás preguntando, sí, es lo que has visto.

Es la bodega con mayor presencia en los medalleros del concurso. Ha ganado en todas las categorías menos en la de vinos dulces, generosos y, atención al dato, no ha ganado NUNCA el premio al vino más votado.

¿Es el caso Hispano-Suizas una réplica de Pago del Vicario?

Por terminar con los espumosos: decía que es muy extraño premiar solo a 9 bodegas. Si en las otras cinco categorías hay vinos premiados que no son especialmente conocidos (en ocasiones, ni por los más vinateros), ¿por qué aquí no ha sucedido lo mismo?

 

Vinos dulces naturales y licorosos.


Pedro Ximénez es la casta que domina esta categoría.

No se puede decir que los premios estén mal dados, el problema es la categoría como tal. Se están mezclando vinos con crianzas ente 10 y 100 años (los PX y fondillón, principalmente), con vinos que proceden de una uva sobremadurada y que, como muchísimo, les hacen una crianza de dos años. Pasa como en la categoría de tintos jóvenes, lo mismo premian a una maceración carbónica como lo hacen con vinos que pueden tener hasta dos años de crianza. Aquí tendrían que ser dos categorías distintas, o que los vinos que proceden de soleras compitan con los vinos de crianza biológica y/u oxidativa.

También hay una fuerte concentración de premios. 3 bodegas se reparten casi el 60% de los premios. Al igual que en con los espumosos, poco reconocimiento a bodegas pequeñas. ¿Por qué?

 

Vinos con crianza biológica, oxidativa y mixta.


Sin lugar a dudas, esta es la parcela de los vinos de Jerez, Montilla y Sanlúcar. Está claro que son las expertas a nivel mundial en este tipo de vinos, y tampoco es demasiado raro que sean las acaparadoras de los premios (se llevan el 75% de los premios). Los fondillones se llevan otro 23%, y los “raritos” del grupo son un vino de Rueda y otro de Sevilla.

Lo extraño aquí (aunque a estas alturas, ya no tanto), es la concentración de premios a tan pocas bodegas: 9 de nuevo.

Tres de ellas (González-Byass, Tradición y Barbadillo), se llevan ¡7 de cada 10 premios!, y lo que es más, son las únicas bodegas del marco Jerez-Sanlúcar que obtienen el reconocimiento. Estamos de acuerdo que son bodegas que hacen unos vinazos, es innegable, pero…, con todos los vinazos que se hacen en esta zona, suena raro que solo tres bodegas sean las que acaparen tantos premios.

¿Tampoco hay sitio para un “Gladiator” en esta zona?

 

Vino más votado del certamen.


Llegamos, por fin, a la última categoría, los vinos ganadores de cada año.

Aquí no hay mucho análisis que hacer, es la decisión de los socios, y es una decisión que hay que respetar.

Pago del Vicario petit verdot rosado es el rey del concurso por cuatro razones.

-       Es el que más premios tiene en su categoría (13)

-       Es el vino que más veces ha sido el más votado (5)

-       Es el vino que más veces consecutivas ha ganado un premio (12)

-       Es el vino más premiado a lo largo de las 17 ediciones.

No hay posible discusión. Es más, la bodega es la tercera más galardonada con 23 premios, solo superada por González –Byass (26) e Hispano-Suizas (29); junto con González-Byass, son las únicas bodegas que han ganado en 14 de las 17 ediciones celebradas, y todas ellas de forma consecutiva, pero lleva desde la edición de 2023 sin ganar nada. Cero.

Hay pocas bodegas que se acerquen a Pago del Vicario, de hecho son sólo tres: Toro Albalá (3 premios), Pago de Carraovejas (2) y Pago de los Capellanes (2). El resto de bodegas sólo han ganado en una sola ocasión.

Hasta aquí está hecho el análisis lo más imparcial posible sobre el premio en sí. He intentado destacar las rarezas e incoherencias que he visto, puede que se me haya escapado alguna más sutil, pero creo que lo más evidente a plena vista, está expresado y condensado en estas 4 entradas.

La próxima será una crítica y opinión del premio, basada en los datos que hay al alcance público, que es con el que se han hecho estas entradas.

Sí que os adelanto.

Yo no sé a vosotros, pero veo patrones extraños, muy extraños, no sé a qué corresponden. Intento pensar en razones objetivas y mundanas, pero tengo la sensación de que algo se me escapa.

 

18/03/2026

Sobre los premios AEPEV: III. Cosas… raras (1).

 



En la entrada anterior hablé sobre…, no quiero llamarlo falta de transparencia, pero digamos que el desarrollo del premio AEPEV, no está todo lo cristalino que puede estar; y también vimos que hay ciertos patrones en los medalleros (en general), difíciles de explicar incluso desde un punto de vista estadístico: marcas de vinos y bodegas que reciben año tras año reconocimientos y que de repente dejan de obtenerlos.

Es como pasar de ser el VIP a no figurar en la lista de invitados.

Hoy vamos a profundizar en las “rarezas” de los medalleros de los vinos blancos, rosados y tintos. Esta entrada tiene chicha, así que coged una copa de buen vino y unas palomitas.

¡Vamos!

Vinos blancos (sin barrica).


A primer golpe de vista vamos a ver que los socios de la AEPEV se mueven conforme a la moda del momento. Apenas reconocen vinos que no estén en el en la zona noreste de la península, y para cuando lo hacen, es con vinos de zonas que no tienen una tradición específica de elaborar vinos blancos, como Pago del Vicario en Ciudad Real, Habla de ti en Extremadura, o el asturiano Siluvio albarín, uno de los ganadores de la última edición.

Es bastante positivo reconocer que hay buenos vinos más allá de sus zonas tradicionales, pero también es muy extraño es que zonas como Cataluña, los vinos de la sierra de Málaga, o de Canarias, por poner tres casos, apenas si tienen premios.

También es curiosa la presencia de la bodega Martín Codax con tres vinos distintos, me genera dudas, es como si de alguna forma alguien tratara de colocarla ahí de una forma un tanto forzada.

Tirando un poco de orgullo de mi tierra, en 17 ediciones sólo se ha premiado a una sola bodega por un solo vino verdejo (en el cuadro aparecen dos, pero se trata de un rebranding del mismo vino). Se me hace raro que los socios no hayan tenido en cuenta otras bodegas que elaboran verdejos “sin madera”.

Por último, os voy a pedir que os quedéis con el nombre de estas marcas: Impromptu y El Paraguas Atlántico.

 Ahora veréis porqué.

 

Vinos blancos con barrica.


Aquí tenemos, un poco como antes, hay un eje Galicia-DO Rioja contra el resto del país, aunque hay que reconocer que los premios están más repartidos que en la categoría anterior. Me sorprende la presencia de un vino de Pago del Vicario, aunque hablaré un poco más de esta bodega cuando lleguemos a los rosados.

Otra cosa que me ha sorprendido, es la presencia de Impromptu y Paraguas del Atlántico, premiados (en otras añadas) en la categoría de vinos ¿jóvenes? sin crianza en barrica. Hasta donde he podido comprobar, ambos vinos siempre han tenido una crianza en barrica, es decir, no sucede como en otros vinos comparten una misma marca, pero luego se les añade una coletilla para indicar si son un vino joven, o fermentado en barrica o que pueden estar elaborados de tal o cual casta.

Es por eso os decía, en anteriores entradas, que era necesario que la AEPEV definiera las distintas categorías del premio. Veréis:

-       La categoría 1, ha tenido varios nombres desde 2009. En las ediciones de 2009 y 2010 se denominaba “Blancos sin crianza”, pero como esta información no es de medalleros oficiales, la dejo en apunte. En 2011 se llamaba “Blancos Jóvenes”, de 2012 a 2016 “Vinos blancos jóvenes (sin barrica”, y desde 2017 a hoy “Vinos blancos sin barrica”.

-       La categoría 2 también ha tenido varias denominaciones, a saber: de 2009 a 2011 “Vinos blancos con crianza”, de 2012 a 2015 “Vinos blancos con madera”, y de 2016 a día de hoy “Vinos blancos con barrica”

Como no he podido obtener ningún reglamento de este premio, es difícil saber qué es lo que ha motivado estos cambios, que evidentemente, no es solo un cambio de nombre, hay todo un trasfondo e intención, y para nada me parece mal. Aplaudo que un concurso se adapte, se renueve, que cree o modifique sus normas, siempre y cuando esto responda a un criterio de mejora, no a mover la portería para adaptar el premio al vino.

En los casos que citaba:

El Paraguas del Atlántico: Se trata de un vino blanco a base de treixadura, godello y albariño. Se vinifican por separado, siendo la godello la que pasa por barrica. Obtuvo el premio en la categoría 1 (blancos SIN crianza) los años 2012, 2016 y 2018; y en la categoría 2 (blancos con barrica) en el año 2023 (os dejo en cada año, un enlace de la añada premiada).

Con diferente porcentaje de cada uva, el vino es el mismo año a año. ¿Por qué unos años tuvo un premio u otro? Es curioso, cuanto menos.

Me hubiera gustado hacer la misma comparativa POR AÑADAS con el Impromptu Sauvignon Blanc, pero la bodega solo dispone de la ficha técnica en su web, que nos dice que es un vino a base de sauvignon blanc que tiene, SÍ o SÍ, vinificación en barrica de roble nueva (no he encontrado cuanto tiempo) y crianza en huevo de hormigón (tampoco indica el tiempo). En TODOS los enlaces que he encontrado de este vino (de distintas añadas), TODOS indican lo mismo, y lo califican como crianza en barrica. Lo curioso del caso es que en la edición de 2019 (añada 2018) gano en la categoría de crianza, y en 2022 (añada 2021) gano en la de VINO BLANCO SIN CRIANZA.

¿Dónde está la coherencia?

 

Vinos Rosados.


Esta es la madre del cordero. Esta es la categoría por la que me empecé a fijar en este concurso. Y todo, por un vino: Pago del Vicario Petit Verdot Rosado.

Es el vino más premiado de su categoría, nada menos que en 13 ediciones, 12 de ellas de forma consecutiva. Al mismo tiempo, es el vino más veces premiado en cualquier categoría en las 17 ediciones que se ha celebrado el premio. Y por si eso fuera poco, es el vino más votado en 5 ediciones, cuatro de ellas de forma consecutiva. Estamos ante un vino que ha sido más votado, entre otros, más que Viña El Pisón, Vega Sicilia Único, Alión, Valbuena 5º Año, La Nieta, Pintia, Numanthia, ¡y esto sólo en tintos!

Éste debería ser el vino más reconocido de todo el país, tendría que ser la referencia enovitivinícola de España, el vino español de cabecera de Ferrán Centelles, Luis Gutiérrez, Peñín, Santi Rivas y Julito Iglesias cómo mínimo. Y, sin embargo, es un vino de supermercado que muy pocos conocen. Yo lo he probado, no es mal vino, pero es un vino más dentro de las baldas del hiper.

No cuestiono que no sea merecedor de premio. Cuestiono que haya sido ganador tantos años y de forma tan consecutiva. Al fin y al cabo, esto no es un concurso en el que se presentan las bodegas porque ellas quieren participar.

Si este vino es el más premiado en la historia del premio, ha sido porque así lo han decidido los socios de la AEPEV.

Centrándome en la propia categoría, es un paseo militar de tres bodegas: la ya mencionada Pago del Vicario, la navarra Chivite y, ¡oh, sorpresa! Hispano-Suizas y su Impromptu rosé, que se ha convertido en el nuevo rey de la categoría. Alguna pincelada riojana, y para mí, incomprensible ausencia de claretes de Cigales (injustificable) y rosados catalanes.

 

Vinos tintos de 1er y 2º año.


Esta es, sin duda, la categoría revoltijo.

Me explico.

Aquí están mezcladas la realeza de los vinos tintos españoles (Alabaster, La Nieta, El Pisón…), con la nobleza (Pintia, Pago de Carraovejas, 4 Kilos..), con vinos más “campechanos” (Primero de Fariña, Borsao, 4 Pasos…), lo cual me parece un completo acierto, me dice mucho del gusto de quienes eligen los vinos, y aplaudo esta diversidad. El problema es que aquí se están mezclando vinos con crianzas de más de 18 meses, con otros que tienen 12 o menos, y con maceraciones carbónicas. Pasa como las categorías de blancos:  al no haber una definición de lo que se entiende por vinos de primer y segundo año, esto se convierte es un cajón desastre en el que cabe de todo, todo sirve.

En cuanto a orígenes de los vinos, está claro que es una lucha mano a mano Toro-Ribera-Rioja, dejando algo de espacio a otras DO, que quedan un poco en segundo lugar. Eso sí, que no falte un vino de Pago del Vicario y de Hispano-Suizas.

Fijaros en Aalto, Viña El Pisón, Pago de los Capellanes CRIANZA y La Olvidada, porque….

 

Vinos tintos de añadas anteriores.



Bienvenidos al campeonato de boxeo vitivinícola por excelencia de este país. Nuestros campeones en esta categoría son las dos DO más relevantes (al menos esa es la fama que les precede) del vino español (y mucho español): DO Ribera del Duero y DOCa Rioja. Entre las dos acaparan más de la mitad de los premios otorgados. El resto del país puede esperar.

A ver, que hasta cierto punto es normal, son las dos DO que más se mueven y más disponibles están en toda la geografía. Se cuelan en el medallero vinos de la VT Castilla y León, Toro, algún gallego, Priorat está presente, otros de las Baleares…

Es más que evidente que esta es la categoría reina, están (casi) todas las bodegas de renombre del vino español. No obstante, me chirrían cosas:

1.    Falta definir la categoría: al igual que la anterior, ¿cuál es el criterio que deben cumplir los vinos para ser elegidos en esta categoría en concreto? Aunque en menor medida, esta categoría también ha cambiado varias veces de nombre (tintos de más de tres años, tintos de otras añadas…), se está mezclando (otra vez) tintos crianzas y reservas sin un criterio público, al punto que sucede que…

2.    Existan vinos tintos ganadores en ambas categorías: Aalto, El Pisón, Capellanes, y La Olvidada han ganado en ambas categorías en distintas añadas.  Por poner dos ejemplos: Viña El Pisón gana en la categoría de tintos 1er y 2º año en 2011, 2023 y 2024; y en la categoría otras añadas en 2009 y 2016. Aalto gana en la categoría de 1er y 2º año en 2012 y 2021; y en la de añadas anteriores en 2017. Todo parce indicar que se premia al vino en función de cuando lo beben los socios, lo cual hace que las categorías no sean coherentes.

3.    Más premios a Pago del Vicario (1500 H PN) e Hispano-Suizas (Quod Superius): son las bodegas fetiche (o eso parece) de los asociados.

4.    ¿Dónde está Peter?: o Raúl, Germán, Verónica… Echo en falta vinos que son alabados por críticos y prensa, pero que por aquí, ni flores.

5.    Vinos… desubicados: Gladiator, Pago La Jaraba, Valdemonje. A ver. No son vinos conocidos por la gran mayoría, no han ganado ningún premio en años anteriores, pero están codeándose con los mejores vinos de España. Enhorabuena.

Me quedan aún por comentar 3 categorías: espumosos, vinos dulces y crianza biológica; y un poco por encima el cuadro de los mejores vinos. 

Si lo de los rosados os ha dejado un regusto raro, esperad a ver los espumosos, ya os adelanto que vais a necesitar más palomitas…