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17/01/2017

Vinos de la Navidad del 2.016



Han pasado otras navidades más. Y unas cuantas botellas. Sigo incómodo en esta posición de torero de salón, eligiendo vinos a través de una pantalla de ordenador en vez de realizarlo cara a cara, con la botella a la vista y Paula de contrapeso cuando me entusiasmo demasiado con un vino. A Parker me gustaría defender sus gustos delante de la moza. 

Este año, por razones que yo mismo desconozco, me he inclinado por vinos de mi tierra natal, otras veces suelo esparcirme por más sitios, pero será por morriña o por designios de Dionisos, Castilla y León ha tenido mucha presencia en casa. 

Antes de empezar, os voy a pedir perdón por la calidad de las fotos de las botellas, el editor de imágenes que suelo utilizar para estas tareas está de morros conmigo.


- 7 Fuentes 2.013 (DO Valle de la Orotava): empezamos con un vino tinto canario, sabroso pero ligero. De color granate, capa media, en nariz es algo complejo, me huele a pimienta, pizarra, fruta roja, monte. En boca es de esos vinos que estás deseando terminar la copa para ponerte la segunda, noto mucha fruta y algo que no sabría si describir como mineral, algún toque a café. Lo comimos en una merienda informal a base de chorizo, salchichón y caña de lomo. Para repertir.


- Le Batard 2.013 (VT Castilla y León): una señora garnacha, digo señora porque me pareció muy elegante, tanto en aroma, como en sabor. Fruta negra y regaliz en nariz, algo de vainilla, en boca es como morder muchos granos de granada, fresco, sedoso. Dimos cuenta de él con unas chuletillas de cordero. No es un vino que me pueda permitir todos los meses, pero merece la pena darse un capricho.


- Camino de los Arrieros 2.014 (DO Arribes del Duero): una amalgama de tintas procedentes de Fermoselle, provincia de Zamora. De alegres tonos violetas (capa baja), tenemos un vino plenamente frutal (tanto en nariz como en boca), pese a no llevar tinta de toro, aparentemente, tiene marcado ese gusto a ciruela, pero no es tan denso. De este vino cayeron dos botellas en días distintos. Uno de ellos sirvió de acompañante a unos garbanzos con carrilleras y chorizo, quizás no es la mejor combinación, pero ¡que rico estaba todo!.


- Cantayano 2.014 (VT Castilla y León): uno de los mejores verdejos fuera  de la DO, otro más. Se empeña la DO Rueda en tener los mejores exponentes de la variedad autóctona fuera de la denominación de origen. A ver si el nuevo consejo regulador recapacita. Vino amarillo pálido con reflejos verdes, me huele a hinojo, flores blancas (lirio). En boca es redondo, cubre toda la boca, fresco, puntito goloso, tiene esa mezcla entre de dulce/ácido de la fruta cuando aún no está madura. Al final del trago, tiene un deje amargo, nada molesto, es como cuando comes alcachofas, mientras está en boca tiene cremosidad, sabor algo dulce, pero que tiene ese sabor final amargo cuando pasa a la garganta. Es para seguirlo de cerca, espero ansioso la añada del 2.015.


- Castelo de Medina verdejo 2.015 (DO Rueda): dentro de la DO Rueda, un verdejo que está rico, pero que le falta algo. A la vista es amarillo pajizo, pálido. En nariz se nota plátano, frutas blancas, hierbas aromáticas. En boca decae un poco, está bueno, pero le noto algo más flojillo que en añadas anteriores, le falta un poquito de potencia, no termina el trago y como que ya se ha ido el sabor. No obstante es un verdejo para seguirle el paso.


- Castrillo de Duero 2.014 (VT Castilla y León): un tinto carnoso, granate, capa media. Huele a fruta roja, sabe a fruta, es un vino joven rotundo, un vino de para tener en casa por botellas. Quizás no sea el más indicado para una fiesta formal, pero para un pollo asado al carbón o al romero, bufff.


- Faustino I Gran Reserva 2.004 (DOC Rioja): regalo de mi suegro. Esperaba encontrar un tinto potente, con amplios aromas a madera, nada de fruta, un vino “señor”. Y no, para nada. Aroma a fruta en compota, café, vainilla, pero por lo bajini. Color granate oscuro, en boca es un vino sutil, destaca más por el sabor que le ha aportado la madera (torrefacto, vainilla) que por el de la fruta. A ver, es un vino correcto, apto para el consumo, pero no aporta nada para la calidad que debiera tener.


- Finca Las Caraballas 2.015 (DO Rueda): uno de mis verdejos favoritos, ahora ya dentro de la DO Rueda. Amarillo pajizo, buen olor a fruta blanca (pera, manzana) y hierba. En boca se presenta algo más débil que en años anteriores, no tiene esa rotundidad del 14 ó el 13, le noto algo más disperso, no me cuadra, tendré que hacerme con otra botella.


- HESVERA Cosecha Limitada Reserva 2008 (DO Ribera del Duero): regalo de mi hermano, es un vino de corte clásico. Un poco pasado de madera, aunque no tapa del todo los aromas a fruta roja. Le cuesta abrirse un poco, nada fuera de lo normal, pensé en encontrar un vino maderón, pero no. Consistente, se pude masticar, fruta en compota y madera que acompaña bien al conjunto. Necesita un plato contundente. Muy rico. 


- Lovamor 2.015 (VT Castilla y León): una golosina. Amarillo dorado pálido a la vista, olor a compotas, membrillos, miel, limón. Diría que es un vino simple, extrovertido, alegre, muy fácil de beber. Fresco, descarado, combina muy bien con un pescado, eso sí, hay que terminarse la botella de una vez. De un día para otro pierde. 


- Pesquera Crianza 2.013 (DO Ribera del Duero): regalo de mi tío Ricardo (al igual que el Castelo), tenemos a uno de los mayores representantes de la DO Ribera del Duero. Fruta roja y madera a partes iguales, algo de regaliz, cuero, en boca fue algo más diluido, carnoso, pero le noté algo flojillo. No obstante tendré que hacerme con otras añadas.


- Tinajas de la Mata 2.013 (DO Alicante): un vino naranja, si, naranja turbio y con bastante precipitado. En otros tiempos hubiera devuelto la botella, pero ya sabía lo que estaba comprando. Vino natural, hecho como lo hubieran hecho los mismísimos romanos, según reza en algún artículo. Hecho a base de moscatel de Alejandría y otras variedades blancas, vino reposado en tinajas de barro por más de un año. Al pasar la copa por la nariz, destaca el olor a moscatel (típico) de la uva principal, y a flores blancas. Algún aromilla a albaricoque y tierra asoman muy al final. En boca me ha desconcertado. Ácido, pero ácido como una manzana verde. No me disgusta el sabor, pero creo que es más propio de una sidra natural que la de un vino. Nunca he probado un vino igual, así que, tendré que darle otra oportunidad más adelante.

31/01/2016

Vinos de Navidad 2.015: Vinos en familia.


Este año no me puedo quejar, este año ha habido vino como para parar un tren de mercancías, aunque a día de hoy solo me queda una botella. Por un lado pienso en reservarla para algún día, para alguna comida en concreto, si bien tiene que ser antes de que llegue el calor, la cava empieza a desfallecer a partir de los 30º ambientales.

Por otro, y conociéndome, no es descartable que bien yo, bien Paula agarremos la botella sin mediar palabra y acabemos con su solitaria existencia. Eso sí, ya  estamos pensando en reabastecerla, lo más seguro que sin tanta alegría como hemos hecho para las fiestas, serán pocas, pero os aseguro que serán buenas.

Como os decía, Navidades pasadas por el líquido elemento, y además de casi todos los colores: blanco, rosado, tinto, espumoso…, me ha faltado una botella de Jerez que tanto me está gustando ahora, tenía pensado comprarme un palo cortado, pero por un motivo u otro, lo he dejado para otras fechas.

Os decía también en la anterior entrada, que haría un experimento con la familia. Mi intención era hacer un par de catas encubiertas, quiero decir, sacar dos o tres vinos en las comidas de distintos “colores” y envejecimientos, de distintos precios y que me contaran si les gustaban o no y por qué. No quería una cata llamémosla “académica”, no me interesaba forzar la situación de si tenía un tono teja o un intenso color yodado, si olía a compota o a hinojo…, si salía en la conversación, perfecto; pero lo que más me interesaba era si les había gustado o no.

Veréis, a pesar de que Medina del Campo está en el puñetero centro de la Meseta Castellana, que a 100 kilómetros a la redonda hay hasta cuatro denominaciones de origen (Rueda, Ribera del Duero, Cigales, Toro), que alargándonos un poco más llegamos a vinos del Arribes, de Salamanca, de Zamora, de León, Arlanza, Valtiendas, Gredos; el consumo de vino es casi anecdótico, casi cosa de viejos. El consumo de cerveza es apabullante, tanto o más como en Sevilla, donde en menos de 50 años el consumo de cerveza ha desplazado vinos finos, manzanillas, amontillados, blancos de la costa onubense a un consumo que para muchos suena a rancio.

Es curioso como en ambos casos, en caso de que los jóvenes consuman vino, suele ser mezclado con refrescos (kalimocho y rebujito) o como mezcla con otras frutas (limonadas y sangrías); casi siempre en fechas determinadas (semana santa, feria, fiestas patronales). Posteriormente, este consumo va desapareciendo, el vino (malo, horrible, imbebible) usado para realizar estos mejunjes, es casi en un 99% desplazado por la mencionada cerveza y bebidas alcohólicas, pero casi nunca suelen “pasarse” al consumo de un vino mejor. Alguno me diréis que habiendo bebido esos vinos tan infumables, cómo se puede uno atreverse a probar  vino. Si queréis os recuerdo esas borracheras (horrorosas) a base de White Horse, VAT 69, Dollar Fever y otras bebidas patrias; y ahora aderezáis ensaladas con ginebras Premium y os deleitáis con whiskeys single malt escoces de pura cepa (tengo fotos, no os molestéis en negarlo).

Al tema. El caso es que mis dos familias el vino lo prueban de higos a brevas, con lo cual, cualquier opinión viene sin ningún fundamento previo o posible comparación con otros vinos, aunque el peso del manido R&R (Rioja y Ribera) se deja sentir.

Estos son los vinos que hemos tomado (o casi) con mi familia estas navidades:

Nochebuena y Navidad en Medina del Campo.
Quizás sea una anécdota, pero saqué una botella de Verdejo y un Ribera del Duero, quiero pensar que fue una broma de mi inconsciente el barrer para casa, al menos en el caso del tinto, ya que tenía ganas de llevar un buen verdejo a casa de mis padres.





El barco del corneta 2.014 (VT Castilla y León).
Pasa por ser el mejor verdejo del momento, y por desgracia, está fuera de la DO Rueda (sigue sin arreglarse esa casa). Bastante fiel a la imagen de lo que debiera ser un verdejo auténtico, hinojos, flores blancas, tonos de vainilla de su crianza en barrica; color amarillo pálido, algún reflejo verde. En boca es fresco, ágil, me gusta ese sabor a fruta de hueso (melocotón), hierba, cremoso. A mi padre le gustó bastante, y teniendo en cuenta que no es especialmente de blancos, es que estaba bastante bueno.

En la siguiente entrada os contaré algo más de él y de su hermano Cucú.



Valderiz reserva 2.010 (DO Ribera del Duero).
Tenía unas ganas terribles de probar este vino. Todo el mundo habla de maravillas de él, pone de acuerdo tanto a los más prestigiosos gurús academicistas, como a simples y llanos bebedores de vino.
Saqué esta botella para la comida de Navidad porque nos juntamos todos, mis hermanos, mis cuñados y mis sobrinos (si, Mateo, tú también estuviste allí). Pero inesperadamente Paula, Sergio y yo tuvimos que salir pitando al hospital de Valladolid, al pequeñín se le agravó el trancazo que tenía y no tenía buena pinta como se estaba poniendo. Por suerte no fue a más pero el susto se queda para nosotros.
Salimos sin comer y volvimos para la hora de la merienda. Ese camino de vuelta estuve dándole vueltas sobre que vino me encontraría, si tendría más madera que fruta, si estaría en su punto, si esto o si lo otro. Cuando llegamos a casa no quedaba ni gota. Por no quedar no quedaba ni el corcho. Los términos cojonudo y de (con perdón) puta madre atestiguaban que no quedara ni gota.

Misión cumplida, no he podido disfrutar del vino, pero mi familia dio perfecta cuenta de el.

Nochevieja en Sevilla.
En la cena éramos más personas que en Medina, y además cenábamos en nuestra casa, lo que quiere decir que tenía la cava al alcance de mi mano. Esto es lo que cayó:


MIlle e una notte 2.008 (IGP Sicilia).
De nuestro fallido viaje a Sicilia, nos trajimos unas cuantas botellas de vino, entre ellas, este vino color granate, capa media y ribete teja. En nariz me pareció algo evolucionado, no mucho, costó mucho que saliera ese tufo, a pesar de que lo pase a un decantador. Aparecieron notas de fruta madura, compota, y maderón. En boca se noté que su momento de gloria había pasado. Algo evolucionado, y soso, apenas destacaban los sabores. En la segunda copa, había mejorado algo, había notas de fruta negra, madera (demasiada) y regaliz. No estaba mal, pero tiene pinta que hace un año estaba mejor.



Chass 2.014 (Sin IGP).
Este vino blanco ya me impresionó el año pasado. No cometí el mismo error de entonces, lo serví a una temperatura algo más fresca que un tinto, y resultó extraordinario con las gambas y el salmón ahumado. Flor blanca, melocotón y miel en nariz. En la boca sabroso, algo menos cremoso que el de la añada anterior. Sin duda un pedazo de vino.


Xérico 2.014 (DOCa Rioja)
Me vais a permitir que os cuente las maravillas de este vino en la próxima entrada, es uno de los vinos más de moda esta año. Y voto a bríos que no es solo fachada.



Quinta Quietud 2.011 (DO Toro)
Reconozco que este vino lo abrí por pura gula. Me lo regaló mi padre en Navidad y le tenía unas ganas increíbles. No decepcionó, en absoluto, creo que fue, de largo, el mejor vino de la noche (¡gracias papá!) Es un Toro en toda regla, su color púrpura intenso, borde violeta. Ciruela, compotas, regaliz y mineral en nariz, y en boca, ¡Dios!, terciopelo, cálido (que no alcohólico), fruta perfectamente armonizada con madera. Vino serio, merece la pena darle su tiempo, dejar que respire. No tengo ni repajolera idea de lo que será un Teso la Monja (máxima expresión del vino de Toro, según se dice), pero es difícil de superar.
Como curiosidad: esta es la última botella que queda en la cava.

Faltan otros vinos que nos hemos pimplado Paula y yo mano a mano, que será objeto de la próxima entrega.


En ella se verá porqué no tengo ni puñetera idea sobre vino. 

He creado una monstruo (o monstrua).

29/01/2015

Los vinos de las navidades del año 14.


Ahora que dicen que comienza la recuperación, voy a ver si me recupero yo también. Dentro de la locura que son las navidades, yo creí tener controlado todo, incluso tenía planes “B” por si las cosas no salían como yo esperaba… pero que va…, hay cosas que ni por asomo esperas que pasen, vamos, que ni siquiera pasan por la imaginación de uno, y sin embargo, de la noche a la mañana todo se va al traste: esa comida con familia, cámbiala, esa cena  sólo con tu mujer e hijo, cámbiala, esa comida de picoteo, cámbiala, ese niño haciendo pucheros, cámbialo, atufa.

En fin, tantos cambios que ni los vinos los hemos tomado como los tenía previstos, incluso hemos bebido vinos que nos han traído los Reyes antes que los de Papá Noel trajera allá por octubre.

Con todo y con eso, creo que estas navidades hemos disfrutado de buenos vinos, aunque me hubiera gustado haber tenido algún blanco más, he echado de menos tener algún rosado y algún espumoso, pero bueno, en líneas generales no me puedo quejar.
Estos han sido los vinos de estas navidades:

- Viña Zorzal Señora de las Alturas 2.010 (D.O. Navarra): ya el año pasado me sorprendió su graciano, y en el mes de Agosto ya le dimos un sobresaliente a este pedazo de vino. Habrán pasado unos cinco meses desde entonces y el vino ha ganado algún que otro matiz en nariz y boca, es seda que se inspira por la nariz y se transforma en hada en la boca. Un vino de una bodega que merece seguir la pista. Es una apuesta segura.

- Marqués de Riscal Reserva 2.010: regalo de mi jefa Maite que sabe que me chiflan los vinos. Vino de los clásicos de La Rioja. Necesita tiempo para abrirse, encontramos fruta en compota, aromas minerales y balsámicos. En boca tenemos un vino potente pero sin pasarse, apetece tomarse más de dos copas (y tres, y cuatro…), se nota su paso por barrica, aunque no es tan marcada como en otros clásicos (Tondonia, Enea…). Me gusta, pero no lo digáis por ahí.

- El Hombre Bala 2.012 (D.O. Madrid): el año pasado nos encantó este vino y quise que este año volviera estar en la mesa. Esperaba un vino bonito, de un color intenso, pero sin embargo nos encontramos con un vino que tiraba más a rosado que a tinto. Es un vino de trago ágil, si no te das cuenta, te has bebido la botella entre bocado y bocado, y sería una lástima perderse este vino así. Para mi gusto, le falta intensidad de color y de sabor. Esperaba más, pero no defraudo.

- Sierra Cantabria Selección 2.012 (D.O.C. Rioja): ¡qué daño más malo nos hizo aquel viaje a La Rioja!, nos trajimos un montón de buenos recuerdos, pero nuestra memoria guarda con cariño dos bodegas en concreto. Una es Castillo de Sajazarra, de la que tengo pendiente realizar una entrada más en profundidad; y la otra fue Señorío de San Vicente, una de las bodegas de la familia Eguren. Quien más, quien menos, ha oído hablar de las bodegas de los hermanos Eguren, de sus proyectos en La Rioja y en Toro, de lo mejorcito que hay en España en estos momentos. No sé a cuántos clubs de vino estoy apuntado, todos los meses tengo que ponerme una alerta para anular el pedido, pero cuando mis ojos leyeron Sierra Cantabria, ahí tuve que pisar el freno. Ofrecián una caja con dos tipos de vino, Selección Roja, un vino muy vivo, alegre, tremendamente frutal, carnoso, riquísimo; y la Selección Negra, un vino que con un mes más de barrica que el anterior, ya se mostraba algo más maduro, notas de moras, algo más mineral, balsámico. No está nada mal, pero ente nosotros, el Selección Roja gustó mucho más que el Negra.

Si que hubo algunos vinos más, igual o más interesantes, pero para saberlo, ¡ay!, habrá que esperar un poco, tengo a Caperucita Roja un tanto desatendida y John Bender ha venido a su sesión de terapia.