Y, ya por fin, vamos a poner el punto
final a esta entrega sobre el premio AEPEV.
No tenía intención de que fuera tan
larga, pensé que 3 entradas serían suficientes para explicarlo, y la verdad, he
tenido que recortar un poco porque me salían como unas dos entradas más.
1. ¿Por qué he diseccionado este premio?
Desde hace unos años, vengo siguiendo
una serie de concursos y premios que tienen que ver con el vino español.
Personalmente, no me interesa (ni
valoro) si un vino ha tenido esta o aquella medalla o si tiene muchos premios,
pero lo que me interesa de un concurso o de un premio, es si realmente están
premiando la calidad; o si por el contrario, es un mero artilugio de marketing,
tan útil como un anuncio en mitad de la película o esa propaganda del súper que
atiborra el buzón.
Si me sigues, ya sabes que hace tiempo
analicé el concurso Bacchus. Lo
que hizo que me fijara en él, fue el abultado número de medallas que recibió
García-Carrión en apenas dos años.
En el caso del premio de la AEPEV, ha
sido la bodega Pago del Vicario la que ha llamado mi atención, a raíz de los
numerosos premios que ha obtenido su rosado petit verdot, a lo largo de la
historia de este concurso.
Insisto en que no me mueve ningún
interés personal el analizar y criticar este premio y/o a la organización del mismo.
Valoro mucho que haya una asociación de periodistas y escritores del mundo del
vino que se lancen a realizar un evento como este, que, además, no les supone
ningún beneficio directo.
Dicho esto, vamos a entrar en harinas.
Me encanta el esqueleto del
premio/concurso. Me gusta mucho. Tiene un potencial bestial a poco que se
desarrolle y se sea capaz de difundirlo, y estos son sus dos primeros
problemas.
Como ya dije en las anteriores entradas, el premio de la AEPEV tiene un reglamento demasiado
básico, al menos el que he podido encontrar es así.
El que, por ejemplo, las categorías estén sin definir, hace que sea un poco catastrófico. Me vuela la cabeza
el que un vino en una edición se pueda ser premiado en la categoría de vino
blanco sin crianza en barrica, y a la edición siguiente sea premiado (el mismo
vino, con las mismas características, pero de distinta añada) en la categoría
de blanco con crianza en barrica.
También puede ser que un vino tinto
crianza puede ser premiado en dos categorías distintas en función de cuando es
consumido. Que si, que se trataría de dos ediciones distintas de dos añadas
distintas, pero es que se trata del mismo vino, también con las mismas
características.
Otro ejemplo, la categoría que se
llama vino tinto de primer y segundo año, ¿exactamente qué es? Porque una
maceración carbónica no tiene nada que ver con vinos jóvenes o con algún tipo
de crianza, es como comparar a equipos de fútbol, baloncesto o remo olímpico
porque el único denominador común entre ellos es que los jugadores tienen más o
menos la misma edad.
Algo parecido sucede con los vinos dulces. Los vinos más premiados, los PX, tienen más en común
con los vinos de la categoría de manzanillas, amontillados y olorosos, que
realmente con otros vinos dulces.
En fin.
Puedo entender que no se pueden hacer
infinitas categorías, ni que sean demasiado ajustadas, pero creo que tampoco creo
que deban de ser un batiburrillo en el que quepa todo. Está bien que el
concurso sea elástico, pero tiene que haber un límite.
Tampoco es lo más raro de este
concurso, y por raro en este premio, me voy a referir a cosas que o no tienen
una explicación aparente o lógica.
La primera de ellas es la ausencia de
todo dato relativo a los resultados del premio, es decir, se supone que cuando
los vinos son premiados, primero tienen que venir de una selección previa, y
salvo en dos ediciones (2023 y 2025), esta lista no se ha publicado oficialmente.
No hace falta que se muestren todos los vinos que han sido nominados, pero al
menos sí que se deberían publicar los finalistas, por dos razones: va a dar
muchísima transparencia al concurso y te permite crear expectación, si es que
realmente lo que quieres es crear interés por el concurso.
Lo segundo, es que no siempre sabemos
cuántos puntos o votos han tenido estos vinos. Esto permitiría calibrar,
dimensionar a los ganadores, tanto entre los vinos ganadores de una misma
edición, como en los vinos ganadores en ediciones pasadas y futuras.
Como mucho, la AEPEV (algún año
suelto) ha publicado que tal vino ha sido el más votado en tal o cual edición
con “X” puntos, pero eso no se hace siempre ni en todas las categorías. Para mí
es algo que no tiene sentido, no es coherente. Quedaros con este concepto, que
enseguida lo retomaremos.
Lo tercero, es que no sabemos cuántos
socios participan en el concurso. Esto quizás os pueda parecer algo trivial,
pero realmente tiene bastante importancia.
Cualquiera que haya estado metido en
una asociación, comunidad de vecinos, hermandad, o incluso en un círculo de
amigos, sabe que en el momento que hay que tomar decisiones, mucha gente evita mojarse,
prefiere que las decisiones las tomen otros. Y hay gente que le gusta tomar
decisiones y que se siente en su propia salsa en este tipo de situaciones.
Incluso alguno se cree la reencarnación de Pericles.
La AEPEV se enorgullece de que este
premio se basa en sus socios, en los votos que emiten de vinos que han sido
catados, probados, bebidos a lo largo de todo un año. Este el punto fuerte de
este premio, es lo que les hace distintos.
Tal y como ellos se denominan, son los
líderes de opinión del mundo del vino en España (no me atrevería a decir en
español). De una forma altruista, gente que en un año han probado 50, 100, 500
vinos te están dando una lista de lo mejor de lo mejor.
Es sencillamente genial.
Ahora bien. ¿Cuántos socios y socias
votan realmente?
La AEPEV tiene aproximadamente 180
socios. Hay años que tiene más, otros que tiene menos, pero voy a tomar 180
como referencia.
Si todos o casi todos los socios
votaran, sería todo un acontecimiento, es más, no dudo que la propia AEPEV lo
estaría reivindicando, por prestigio, por transparencia y como signo de lo bien
que funciona todo. Pero me da a mí que no muchos los socios y socias votan.
2. El tostonazo de datos.
Tengo que ser un poco farragoso con
los datos de las votaciones, porque para llegar a esta conclusión, necesito
explicaros algunos datos, de donde salen. Que si me crees a pies juntillas,
puedes saltarte hasta la sección nº 3, aunque yo te recomiendo que continues
leyendo.
La elección de los mejores vinos, se
divide en 2 votaciones:
- Primera votación: cada socio elige un vino por categoría y la
asociación hace una lista de nominados. Para que un vino pase a la lista de
finalistas, ese vino tiene que recibir al menos 3 nominaciones. Eso quiere
decir qué, como mucho, la lista finalista estará compuesta por N/3
vinos, donde N
es el número de socios. Ejemplos: si votan 70 socios, como mucho,
la lista de finalistas será de 70/3≈23
vinos. Si votan 120 socios, entonces 120/3=40
vinos. Pero como no somos seres cuadriculados, lo más normal es que los socios
dispersen más el voto, por lo que he supuesto una horquilla lógica para esta
lista de finalistas, que va desde la mitad del número máximo de vinos de la
lista, y la mitad del número máximo más cinco. Ejemplo: para 70
socios, la horquilla va de 23/2≈11 vinos y (23/2)+5≈16 vinos. Para 120
socios, la horquilla va de 40/2=20 vinos y (40/2)+5=25 vinos.
- Segunda votación:
se pasa la lista de finalistas a los socios, y estos eligen 5 vinos por cada
categoría. A cada vino elegido, se le otorgan 5, 4, 3, 2, ó 1 puntos, es decir,
cada socio reparte 15 puntos (5+4+3+2+1=15). Esto quiere decir qué en cada
categoría se reparten 15×N puntos, y que cómo máximo, un único vino podría
sacar como mucho 5×N puntos.
Ejemplos: para 70 socios, en cada categoría se repartirán 15×70=1050
puntos, y un vino como máximo podría obtener 5×70=350
puntos. Para 120 socios, se repartirán 15×120=1800
puntos, y un vino como mucho podría obtener 5×120=600
puntos.
Hasta aquí, la teoría. He escogido 70 y
120
socios porque representan una cantidad medio baja (≈40%) y medio alta (≈67%)
de los socios, pero si queréis poner otras cifras, ya sabéis el método.
Como os dije antes, la AEPEV no
siempre publica la puntuación que otorga a sus vinos, pero bichendo por
internet, he conseguido las puntuaciones de los vinos que obtuvieron el premio
al vino más puntuado en varias ediciones, y que son:
- Pago del Vicario rosado Petit Verdot 2014 (edición 2015):
124 puntos.
- Don PX 1986 Toro Albalá (edición 2016): 115 puntos.
- Gramona Celler Batle brut 2010 (edición 2020): 152 puntos.
- Don PX 1999 Toro Albalá (edición 2021): 131 puntos.
- Pago Carraovejas 2020 (edición 2022): 132 puntos.
Estas puntuaciones son relativamente
bajas, de acuerdo a cómo funciona el concurso, y esto sólo puede deberse a dos
causas:
- Primera: las
puntuaciones están muy diversificadas, quizás las diferencias de puntuación
entre un vino y otro sean de apenas 5-15 puntos.
-
Segunda: la participación en las votaciones es baja.
La primera implica que los empates en
puntuaciones tienen que ser muy frecuentes (incluso en los primeros puestos), siendo
bastante probables incluso triples y cuádruples empates en los primeros
puestos.
Yo me inclino a pensar en la segunda
opción: es las más plausible, un poco más abajo os digo porqué, pero todo es
debido a que una baja participación implica que los puntos a repartir estén más
ajustados.
En este cuadro, os he indicado, en función del número de socios que votan, los vinos que pasarían a la lista de finalistas (los máximos y la horquilla que he propuesto), así como los puntos que se reparten en cada categoría. Justo al lado, os he puesto la puntuación de los cinco vinos que os he mencionado antes, y en este caso, os he indicado qué porcentaje de voto se habría llevado sobre el total de puntos de la categoría. Por poner un ejemplo, el vino que ha ganado con 124 puntos, tendría el 16,53% de los puntos si hubieran votado 50 socios, un 13,78% si hubieran votado 60 y un 11,81% si hubieran votado 70.
Por todo ello, me cuadra que el número
de votantes (a tenor de los casos conocidos), tienen que estar ente los 50 y 90
socios.
Me hubiera gustado poner un ejemplo
real, pero como os he dicho, la AEPEV tampoco publica la lista de vinos
finalistas normalmente. Cuando sacó la de 2023, hice un
hilo en Twitter
bajo el haghstag #porraAEPEV. Si os fijáis, presenta unos 20 vinos en la lista,
lo que se ajusta a la banda de 90 votantes. La de 2025 también se ha publicado,
y un poco más adelante hablaré de ella.
Os dejo también este cuadro, en el que relaciono los puntos que se han dado, respecto al número máximo de puntos que se puede dar a un único vino. Por ejemplo, el vino que ha obtenido 115 puntos, de haber votado 50 socios supondría que ha obtenido el 46% del máximo de votos, el 38,33% si hubieran votado 60, o el 32.86% si hubieran votado 70.
Hasta aquí el tostonazo de datos.
3. Sacando conclusiones.
Tras darle muchas vueltas, tras leer
todos los resultados, tras ver ciertos patrones que se han repetido a lo largo
de todos estos años, he sacado las siguientes conclusiones.
Participación baja o muy
baja: sobre todo en la segunda votación. A excepción
de las dos categorías de tintos, en todas las categorías se van sucediendo premios
a las mismas bodegas, a los mismos vinos, en ocasiones de una forma continuada
y repetitiva. Pueden suceder dos cosas, que muchos socios estén entregados a
los encantos de una bodega o un vino; o (lo más probable) hay pocos socios que
votan en la segunda votación. Realmente, el concurso no necesita forzosamente de
una “mano negra” o una “orden” de nadie para que se repitan resultados y salga
elegido tal o cual vino. Con 20 socios votando año a año con 5, 4 o 3 puntos a
un mismo vino o a una misma bodega, enseguida se obtienen 80-90 puntos. ¿Puede
que estos 20 socios trabajen a favor de obra? Pues, a ver, como todo en la
vida. Entre los premiados hay vinos raros que sólo han sido premiados una vez,
vinos que quizás no son los más conocidos ni tienen una distribución homogénea
por el país. Por poner dos ejemplos, Gladiator, un vino extremeño ganador en
categoría de grandes tintos, y Umbretum, un espumoso sevillano codeándose con
la realeza del espumoso catalán. Que no estoy diciendo (Dionisos me libre), que
estos vinos sean malos o no merezcan premio, ni mucho menos; pero para que
estos vinos tengan suficientes puntos como para ganar un premio e imponerse a
otros vinos con mejor reputación y distribución, sólo pude deberse a que por
detrás hay movimiento. ¿Con qué fin? Ni idea, la AEPEV no hace entrega de un
premio en metálico, ni tampoco es un premio que tenga una repercusión
publicitaria muy amplia que digamos.
El que haya bodegas como Pago del
Vicario, Hispano-Suizas o González-Byass, que año a año han ido ganando muchos
premios, no sólo refuerza mi idea de que la participación es baja.
Estadísticamente es complicado explicar que un mismo vino gane durante años
consecutivos el mismo premio, o que le bodega tenga más de 2 premios en una
misma edición. Forzosamente, la participación tiene que ser baja, me atrevería
a decir que por debajo del 50% del número de socios. En el caso de que votaran
muchos socios (100 o más), 125 puntos son insuficientes como para poder obtener
un premio, y ni de lejos, serían suficientes para ser el vino más votado.
El sistema de votación
beneficia a los pequeños grupos que votan “coordinados”: aunque, como ya he dicho, me gusta mucho la forma en cómo
está construido el premio, quizás es tiempo de darle una vuelta al sistema de
votación. Vaya por delante lo siguiente. No creo que exista una maldad o una
mala obra en estos premios, pero seamos sinceros. Este no es un premio que esté
en boca de todos los entendidos, no es el premio de referencia para la compra
de un vino, no es el Bacchus, el CMB; ni tiene el peso mediático como pueden
tener las guías y listas de otros divulgadores y gurús del sector. Tengo la
sospecha de que muchos de los vinos premiados (quiero creer que DE BUENA FE),
se está votando para ayudar a algunas bodegas.
También creo que la asociación debería
poner más difícil que posibles votaciones “coordinadas” sean relevantes a la
hora de obtener premios. Con el actual sistema de puntuaciones, esto solo se
consigue aumentando la participación. Tal y como se puede ver en los cuadros de
más arriba, cuanta mayor sea la participación, más puntos se necesitan para que
un vino tenga un reconocimiento por el mero hecho que hay más puntos a
repartir, por lo que es más difícil que un voto coordinado dé un premio a un
vino, por el mero hecho de que necesitas a más socios para poderlo hacer.
Tienen que mejorar (muy
mucho) la transparencia del premio: publicar
el reglamento del premio, bien definido, claro, meridiano; publicar la lista de
vinos finalistas, la participación de los socios. Ojo, no quién ha votado qué.
No. Sólo los números generales. Si otros concursos de vinos tienen a gala decir
cuántos jurados han participado, este premio no puede ser menos (si lo que se
quiere es darle cierta importancia). También estaría muy bien saber si una
bodega ha rechazado el premio. Hay una norma del concurso que indica que solo
se entregará el premio a aquellas bodegas que acudan a la gala de entrega de
los mismos. Si una bodega, por la razón que sea, me es indiferente; no quiere
aceptar el premio o no le interesa aparecer en esa gala, debería darse a
conocer, o al menos declarar ese premio concreto como premio desierto.
Cosas raras con los
tintos: ¿por qué los vinos tintos
no siguen los mismos patrones que en el resto de categorías? Sin lugar a dudas,
las dos categorías de tintos son las que más premiados distintos tienen. La
categoría de tintos de otras añadas, concretamente, a excepción de la edición
de 2023, siempre ha premiado uno, dos o incluso tres vinos que nunca antes
había sido premiados antes. ¿Por qué existe esa volatilidad con los tintos y no
con los blancos?, ¿puede ser que esta categoría cuente con el voto más disperso
del premio?
Justo lo contrario con los
espumosos y generosos: básicamente los
premios que se conceden en estas categorías, se concentran en 4 ó 5 bodegas
cada una, en distintos vinos, vale; pero parece que los socios no salen del do,
re, mí, ni tampoco de las bodegas de gran renombre. Eso, ¿qué quiere decir, que
sólo puntúan lo conocido, no prueban vinos de bodegas más pequeñas? Porque en
el resto de categorías pasa mucho más a menudo.
Cosas grises, casi negras: no me resisto a comentar un par de cosas un tanto…
turbias.
Antes de comenzar, me gustaría volver
a insistir en que en ningún momento trato de minusvalorar a ningún vino, ni
ninguna DO, al contrario. Esto es una crítica constructiva al concurso, en
ningún caso es una crítica a los vinos y bodegas premiadas.
De hecho, no tengo ninguna razón como
para pensar mal sobre los premios, no hay ninguna prueba irrefutable que
demuestre lo contrario, PERO…, a la vista del cuadro de los vinos más
votados, me surgen dudas.
Pago del Vicario, Martín Codax o
incluso el ganador de la última edición, Pago de los Capellanes, son vinos
facilitos de encontrar (y de pagar), no se van demasiado de madre. Pero, los PX
de añadas antiguas (1986, 1999…), un fondillón de 1996, Kripta, el Gramona…, no
son vinos tan accesibles como para que pueda ser votado por muchos socios. Me cuadra
que puedan estar en la lista de finalistas, solo se necesita el apoyo de 3
socios, eso es fácil.
Obtener 152 puntos como obtuvo el
Gramona Celler Batlle en el 2020, por lo más bajo, necesitaría 30 socios que le
dieran 5 puntos (y otro que le diera 2), algo que de por si es complicado…,
salvo que se haga a propósito, y no creo que sea lo más probable. Lo más
probable que muchos socios le hayan dado 5 puntos, pero muchos más que le hayan
dado 4 y 3 puntos.
Y lo mismo va a pasar con el resto de
vinos, que acabo de citar, se necesitan muchos socios votando, aunque sean 5, 4
o 3 puntos, pero ¿realmente hay tantos socios que han bebido esos vinos, o se
está puntuando de oído?
Otro caso un poco feo, es el
siguiente.
Cuando encontré el listado de premiados de esta última edición, la de 2025 en la web de la AEPEV,
me saltó esta otra noticia: “Estos son los diez
vinos de Cangas que se encuentran entre los mejores de 2025 en los premios de
la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino y de los
Espirituosos”.
¿Cómo que diez? Pensé que se trataba
de un error. Repasé la lista de ganadores del premio, y allí sólo había 2 vinos
de Cangas, me faltan 8. Pensé que podrían hacer referencia a los premios del
otro concurso de la AEPEV, el PwC, pero tampoco. Mi maginé que se trataba de un
error de la asociación. Por más que busqué en internet, no encontraba más que
la misma información. A mayores, había unas declaraciones del presidente de la
DO, Adrián Fernández, refiriéndose a una visita del presidente de la AEPEV, que
decía: “En esa visita [el presidente de la AEPEV] conoció las bodegas y
probó los vinos y parece ser que se llevó unas cuantas botellas para catar,
pero no sabíamos nada, así que recibir los premios fue una sorpresa”. Algo
no me cuadraba. ¿Cuántas botellas se ha llevado ese hombre, de qué vinos? Es
más, ¿cuántos socios han catado esos vinos como para que hayan obtenido dos
premios?
Visto que no avanzaba en ninguna
dirección, di por muerta esta “rareza”. Pero mira por dónde, buscando
información para hacer todas estas entradas y el guion del podcast, me
encuentro de casualidad con esta
publicación de la emisora de Onda Cero en Cangas de Narcea con dos capturas
de pantalla de los vinos finalistas de 2025. Y si, ahí están 10 vinos de la
DO Cangas nominados, que no premiados.
(imágenes procedentes de la
publicación de la emisora)
10 vinos en 4 categorías distintas.
Eso significa que, como mínimo,
9 socios han debido de nominarlos (recordad que cada socio puede nominar a un
vino por categoría), pero se necesitan muchos más socios para que obtengan un
premio.
¿Puede que, independientemente de la
visita del presidente de la AEPEV, estos vinos hubieran sido nominados y
premiados?
Hombre, pues nominados…, es factible,
aunque no quizá los 10.
¿Ganadores? Si se dan las
circunstancias…, pero complicado.
Siendo completamente sincero.
No es ilegal ni va en contra de las
propias normas del concurso, pero queda muy feo que después de una visita a la
DO, aparezcan (de repente) 10 vinos finalistas de una DO que nunca antes había
tenido premio, y presumo por las palabras del presidente de la DO, nunca antes
habían quedado vinos en lista finalista.
Por cierto, después encontré la lista de finalistas del 2025, escondidita en un artículo de 4
líneas. Pasa muy inadvertido. Y no. No hay un listado de puntos.
¿Hay cosas curiosas en este listado?
Por supuesto que sí, unas cuantas,
pero como esto ya está quedando largo (y aún me queda por comentar un par de
cosas más), he aquí un pequeño resumen:
- Baja participación: con
16/17 nominados por categoría, la participación de la primera votación está
entre los 50/100 socios, me atrevería a decir que sobre los 55.
- Sospecha: he visto
una bodega que nunca antes ha tenido premio, y en la edición de 2025 tiene dos
vinos en la lista de finalistas. Uno de ellos ha resultado ganador.
Curiosamente, esta bodega recibió una visita de la AEPEV en 2025, y
curiosamente, esta bodega es ahora una entidad colaboradora de la AEPEV.
Curiosamente.
- Ya están aquí: Pata
Negra reserva 2020, Cava Pata Negra rosado brut y Cava Jaume Serra Bouquet brut.
¿Será la edición de 2025 la última que no había premiado hasta entonces a
ningún vino de García Carrión?
- Once: hay un vermut de
Cangas que está en la lista de finalistas de su categoría, concretamente de la
bodega Monasterio de Corias, luego serían once los “premiados”-finalistas de
Cangas en esta edición.
4. Despedida y cierre.
Sigo pensando que el premio de la
AEPEV es un concurso de mucho potencial. Como todo en la vida, no es perfecto,
lo pueden mejorar mucho sin que realmente necesiten romperse la cabeza. Concretar
mejor el reglamento (y publicarlo), mejorar la transparencia de la mecánica y
resultados del concurso; y sobre todo, aumentar la participación de los socios,
deberían ser la principal tarea de su junta directiva, si es que les interesa
continuar con este formato.
Pero también tienen que hacer un gran,
gran, gran trabajo de comunicación. Ser una asociación de periodistas y
escritores y que apenas informen sobre su propia creación, parece un oxímoron. Ya en
el episodio 22 del
no-podcast criticaba que la asociación apenas está presente en las redes
sociales, deja en manos de terceros la publicación del resultado de sus propios
concursos. Un par de publicaciones a la semana en Instagram, tres publicaciones
al mes en Facebook y la cuenta de tuiter muerta, eso no es comunicación. De
nada sirve que hagas una publicación en
Facebook en la que digas “AEPEV es el lugar donde la palabra y el vino se
encuentran”, para que luego sus perfiles estén quietecitos.
Tienen los mimbres de un buen
concurso, tienen la posibilidad de hacerlo grande, conocido, pueden incluso
hacerlo divertido, pero tienen que hacerlo. Tienen que tener las ganas de
hacerlo, escuchar las críticas de sus propios socios, que lo mismo la baja
participación viene de ahí, de que la socia y el socio habla, pero no se le
escucha.
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