11/03/2026

Sobre el premio AEPEV: II. Bisturí, por favor.

 



Si la anterior entrada hacía una descripción del concurso de los mejores vinos de la AEPEV, en esta voy a hacer un análisis de esos que me gustan: con bisturí y paciencia.

Voy a empezar por la parte positiva.

Me gusta mucho el estilo de este premio, al menos la parte teórica.

La forma en cómo se desarrollan normalmente los concursos, donde las catas (ciegas o no) se parecen más a un proceso industrial en el que hay que cumplir con normas y parámetros definidos matemáticamente, me parece algo frío, inerte.

Esta mentalidad tan cuadriculada, tan anglosajona de evaluar vinos, ha hecho un daño irremediable a su percepción, sobre todo en cómo los países mediterráneos vivimos el vino.

Claro que las puntuaciones y las descripciones pueden ayudar a la hora de crearte una idea de algo que aún no tienes ni siquiera entre las manos, que te permite comparar vinos y añadas entre sí, pero todo esto es un conocimiento de usar y tirar.

Por ejemplo: Viña Brabante  2012, DO Cardeñosa de las Zaheras, rojo picota, irisaciones violetas, frutas del bosque, madera bien integrada. 94 puntos Peñín, 93 Parker, medallas de Oro Decanter, Gran Oro Mundial de Bruselas y una de estaño en los Bacchus…, ¿es o no es carne de ficha de archivador para que luego alguien lo use en un folleto de publicidad?

La AEPEV, por el contrario, tiene las bases de un premio genial.

Al menos en teoría.

Que unos socios dispongan de todo un año para poder evaluar vinos, de compartirlos, de estudiarlos, de divulgarlos; que hayan tenido la posibilidad de cambiar opiniones y contrastarlas, y que eso sea la base para votar por un vino o por otro; me parece mucho más útil y que tiene mucho más valor que lo que diga una cuartilla de papel que se tiene que hacer en menos de tres minutos.

Eso sí.

Es útil siempre y cuando se haga desde la sinceridad y la honestidad.

Hasta aquí, la parte buena del premio.

Lo que viene ahora es una crítica con intención constructiva, crítica que sale de la recopilación de datos que he hecho a lo largo de tres años, basada en los resultados y medalleros oficiales (siempre que estén disponibles) que he podido encontrar de las 17 ediciones que lleva en funcionamiento.

Me gustaría dejar claro que cualquier crítica o alabanza, no la hago por un interés personal. Cuando cite bodegas y marcas de vinos, lo haré porque son quienes aparecen en los documentos oficiales de la AEPEV, no estaré cuestionando la calidad ni de unos ni de los otros. Si en vez de estar la bodega “X” hubiera estado la bodega “Y”, diría exactamente lo mismo.

Dicho esto: enfermera, por favor, el bisturí.

A grandes rasgos, lo que le falta al premio es más de transparencia. Un concurso como el Mundial de Bruselas (por ejemplo), necesita desarrollar un reglamento complejo para que quede meridianamente claro quién puede participar, cómo se van a evaluar los vinos y por qué un vino puede tener una medalla, un diploma o una tarjetita que diga “Sin premio. Sigue intentándolo”.

El premio de la AEPEV no necesita tanto, por una cuestión muy sencilla, pero de mucho peso: mientras que las bodegas son las que buscan méritos en los concursos de vinos, el premio de la AEPEV te busca y premia a las bodegas, no necesita ser tan puntillosa, no necesita pedir un análisis técnico del vino, ni muestras envasadas.

No obstante, sí que al menos debiera de hacer público un reglamento o unas bases de desarrollo del mismo. Buscando por su web, solo he podido encontrar la descripción premios AEPEV 2021 que poco menos es la descripción que he hecho en la otra entrada. Echo (mucho) en falta algunas definiciones, sobre todo a la hora de diferenciar las categorías de los vinos. Pero de eso ya hablaremos cuando toque.

También sería necesario el que se indicara cuántos socios han votado en cada edición. En los concursos, está normalizado el que nos digan (incluso con cierto orgullo), el número de jurados con los que ha contado.

La AEPEV tiene entre 180 socios (según su perfil de los premios PwC) y 203 (que se indican en esta publicación). Si la principal razón de ser del premio, el orgullo de la asociación, recae en la elección de sus socios, ¡tendrás que poner cuantos votan!

Quizás esto puede parecer una tontería, pero creo que es bastante relevante. No es lo mismo que voten 135 o 150 socios (más o menos el 75%), lo que le daría un gran empaque a los resultados del concurso; a que voten entre 50 o 60 socios (más o menos el 30%) y la cosa quedaría deslucida, sería como en las reuniones de la comunidad de vecinos, que van tres y el del tambor, es decir, las decisiones de unos pocos afectan a toda una colectividad.

Lo siguiente a aclarar es de pura lógica: cuantos puntos o votos han tenido los vinos ganadores.

¿Por qué nos fascina Eurovisión, incluso a sus “haters”?

No es por la música

Es por los votos, es por ver el apoyo que tiene cada canción o cada país. Este premio (teóricamente) no tiene que rendirle cuentas a nadie. Si las votaciones son honestas y sinceras, no puede haber bodega que se moleste porque tal o cual vino la ha sacado X puntos más que los suyos.

Es más, en el caso del premio al mejor vino del año, es fundamental saber cuántos puntos ha obtenido, incluso no estaría de más hace un top 5.

El summum de la transparencia sería publicar, con unos días de antelación, la lista de los vinos nominados. Haciendo una buena comunicación (se supone que es una asociación de periodistas…) y moviendo las listas de una forma atractiva por las RRSS, conseguirían esa transparencia y algo también importante: fijar la atención de un público objetivo, lograr que estén al tanto de ti.

Lo de publicar los resultados del premio el primer minuto del primer día del año, solo podía sonar bien en la cabeza del que lo pensó. El primer minuto del año (para los que no estáis trabajando), la gente está más concentrada en si la yaya no se ha atragantado con las uvas, si el cuñado ya ha soltado la primera gilipollez del año, o si queda aún algo de ese vino tan rico que te han puesto en la copa.

Y seamos sinceros. Se nota bastante que la publicación está programada. Las propias bodegas ya saben que han sido galardonadas antes de la publicación, ya que la AEPEV sólo entrega el premio a aquellas bodegas que han aceptado el premio y se comprometen a ir al evento en el que se entregan los premios.

De la difusión del premio, también hay que hablar, porque tiene tela.

Pero ahora quiero hablaros ahora de las “cosas raras” que he visto en los medalleros.

Digo “cosas raras” porque realmente es muy difícil justificar de una forma puramente estadística la repetición de tantos premios a ciertas marcas y bodegas en años consecutivos, así que prefiero llamarlo “rareza”.

La primera rareza es un patrón que se repite a lo largo de los años.

Una bodega empieza a ser premiada por un mismo vino, premio que se repite en años sucesivos. En ocasiones, consigue premios hasta en dos o tres categorías simultáneamente, e incluso alguno de esos vinos es el más votado en alguna edición. Pero en un momento dado, esa bodega deja de ser premiada. Se acabó. Fijaos en este cuadro.


Observad cómo Marqués de Riscal, Pago del Vicario e incluso Vega Sicilia comienzan a ganar en años consecutivos… para dejar de aparecer en ediciones posteriores. Habla, Torres y Martín Codax, muestran un comportamiento parecido: irrumpen en la escena, la mantienen unos años y después desaparecen.

En estos últimos cuatro o cinco años, son Fariña, Pago de los Capellanes e Hispano-Suizas quienes han empezado a acumular premios. En muy llamativo el caso de esta última, por la intensidad y variedad de categorías en las que está siendo premiada. Ha sido un poco alucinante comprobar que, salvo en el caso de vinos dulces y generosos, ha ganado premios en TODAS las categorías.

Bueno. Tampoco ha ganado nunca el premio a mejor vino del año.

Todavía.

Va a ser muy interesante ver si la presencia de estas tres bodegas persiste en próximos años, o si les pasará lo mismo que a Pago del Vicario.

Y no, no me he olvidado de González-Byass, Torelló o Chivite. Estas bodegas tienen su “rareza” particular, pero esto os lo contaré en la siguientes entradas.

Por hoy ha estado bien y os necesito con la cabeza despejada.

Atentos, que la próxima entrada, promete.

 


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