Si la anterior entrada
hacía una descripción del concurso de los mejores vinos de la AEPEV, en esta voy
a hacer un análisis de esos que me gustan: con bisturí y paciencia.
Voy a empezar por la parte positiva.
Me gusta mucho el estilo de este
premio, al menos la parte teórica.
La forma en cómo se desarrollan
normalmente los concursos, donde las catas (ciegas o no) se parecen más a un
proceso industrial en el que hay que cumplir con normas y parámetros definidos
matemáticamente, me parece algo frío, inerte.
Esta mentalidad tan cuadriculada, tan
anglosajona de evaluar vinos, ha hecho un daño irremediable a su percepción,
sobre todo en cómo los países mediterráneos vivimos el vino.
Claro que las puntuaciones y las
descripciones pueden ayudar a la hora de crearte una idea de algo que aún no
tienes ni siquiera entre las manos, que te permite comparar vinos y añadas
entre sí, pero todo esto es un conocimiento de usar y tirar.
Por ejemplo: Viña Brabante 2012, DO Cardeñosa de las Zaheras, rojo picota, irisaciones violetas, frutas del bosque,
madera bien integrada. 94 puntos Peñín, 93 Parker, medallas de Oro Decanter,
Gran Oro Mundial de Bruselas y una de estaño en los Bacchus…, ¿es o no es carne
de ficha de archivador para que luego alguien lo use en un folleto de
publicidad?
La AEPEV, por el contrario, tiene las
bases de un premio genial.
Al menos en teoría.
Que unos socios dispongan de todo un
año para poder evaluar vinos, de compartirlos, de estudiarlos, de divulgarlos; que
hayan tenido la posibilidad de cambiar opiniones y contrastarlas, y que eso sea
la base para votar por un vino o por otro; me parece mucho más útil y que tiene
mucho más valor que lo que diga una cuartilla de papel que se tiene que hacer
en menos de tres minutos.
Eso sí.
Es útil siempre y cuando se haga desde
la sinceridad y la honestidad.
Hasta aquí, la parte buena del premio.
Lo que viene ahora es una crítica con
intención constructiva, crítica que sale de la recopilación de datos que he
hecho a lo largo de tres años, basada en los resultados y medalleros oficiales
(siempre que estén disponibles) que he podido encontrar de las 17 ediciones que
lleva en funcionamiento.
Me gustaría dejar claro que cualquier
crítica o alabanza, no la hago por un interés personal. Cuando cite bodegas y
marcas de vinos, lo haré porque son quienes aparecen en los documentos
oficiales de la AEPEV, no estaré cuestionando la calidad ni de unos ni de los
otros. Si en vez de estar la bodega “X” hubiera estado la bodega “Y”, diría
exactamente lo mismo.
Dicho esto: enfermera, por favor, el
bisturí.
A grandes rasgos, lo que le falta al
premio es más de transparencia. Un concurso como el Mundial de Bruselas (por ejemplo), necesita desarrollar un reglamento
complejo para que quede meridianamente claro quién puede participar, cómo se
van a evaluar los vinos y por qué un vino puede tener una medalla, un diploma o
una tarjetita que diga “Sin premio. Sigue intentándolo”.
El premio de la AEPEV no necesita
tanto, por una cuestión muy sencilla, pero de mucho peso: mientras que las
bodegas son las que buscan méritos en los concursos de vinos, el premio de la
AEPEV te busca y premia a las bodegas, no necesita ser tan puntillosa, no
necesita pedir un análisis técnico del vino, ni muestras envasadas.
No obstante, sí que al menos debiera
de hacer público un reglamento o unas bases de desarrollo del mismo. Buscando
por su web, solo he podido encontrar la descripción premios AEPEV 2021 que poco menos es la descripción que he hecho en la
otra entrada. Echo (mucho) en falta algunas definiciones, sobre todo a la hora
de diferenciar las categorías de los vinos. Pero de eso ya hablaremos cuando
toque.
También sería necesario el que se indicara cuántos
socios han votado en cada edición. En los concursos, está normalizado el que
nos digan (incluso con cierto orgullo), el número de jurados con los que ha
contado.
La AEPEV tiene entre 180 socios (según su perfil de los premios PwC) y
203 (que se indican en esta publicación). Si la
principal razón de ser del premio, el orgullo de la asociación, recae en la
elección de sus socios, ¡tendrás que poner cuantos votan!
Quizás esto puede
parecer una tontería, pero creo que es bastante relevante. No es lo mismo que
voten 135 o 150 socios (más o menos el 75%), lo que le daría un gran empaque a
los resultados del concurso; a que voten entre 50 o 60 socios (más o menos el
30%) y la cosa quedaría deslucida, sería como en las reuniones de la comunidad
de vecinos, que van tres y el del tambor, es decir, las decisiones de unos
pocos afectan a toda una colectividad.
Lo siguiente a aclarar
es de pura lógica: cuantos puntos o votos han tenido los vinos ganadores.
¿Por qué nos fascina Eurovisión,
incluso a sus “haters”?
No es por la música
Es por los votos, es por
ver el apoyo que tiene cada canción o cada país. Este premio (teóricamente) no
tiene que rendirle cuentas a nadie. Si las votaciones son honestas y sinceras,
no puede haber bodega que se moleste porque tal o cual vino la ha sacado X puntos
más que los suyos.
Es más, en el caso del
premio al mejor vino del año, es fundamental saber cuántos puntos ha obtenido,
incluso no estaría de más hace un top 5.
El summum de la
transparencia sería publicar, con unos días de antelación, la lista de los
vinos nominados. Haciendo una buena comunicación (se supone que es una
asociación de periodistas…) y moviendo las listas de una forma atractiva por
las RRSS, conseguirían esa transparencia y algo también importante: fijar la
atención de un público objetivo, lograr que estén al tanto de ti.
Lo de publicar los resultados del premio el primer minuto del primer día del año, solo podía sonar bien en la cabeza del que lo pensó. El primer minuto del año (para los que no estáis trabajando), la gente está más concentrada en si la yaya no se ha atragantado con las uvas, si el cuñado ya ha soltado la primera gilipollez del año, o si queda aún algo de ese vino tan rico que te han puesto en la copa.
Y seamos sinceros. Se nota bastante que la publicación está programada. Las propias bodegas ya saben que han sido galardonadas antes de la publicación, ya que la AEPEV sólo entrega el premio a aquellas bodegas que han aceptado el premio y se comprometen a ir al evento en el que se entregan los premios.
De la difusión del premio, también hay que hablar, porque tiene tela.
Pero ahora quiero hablaros ahora de las “cosas raras” que he visto en los medalleros.
Digo “cosas raras” porque realmente es muy difícil
justificar de una forma puramente estadística la repetición de tantos premios a
ciertas marcas y bodegas en años consecutivos, así que prefiero llamarlo
“rareza”.
La primera rareza es un patrón que se repite a lo
largo de los años.
Una bodega empieza a ser premiada por un mismo vino,
premio que se repite en años sucesivos. En ocasiones, consigue premios hasta en
dos o tres categorías simultáneamente, e incluso alguno de esos vinos es el más
votado en alguna edición. Pero en un momento dado, esa bodega deja de ser
premiada. Se acabó. Fijaos en este cuadro.
Observad cómo Marqués de Riscal, Pago del Vicario e incluso Vega Sicilia comienzan a ganar en años consecutivos… para dejar de aparecer en ediciones posteriores. Habla, Torres y Martín Codax, muestran un comportamiento parecido: irrumpen en la escena, la mantienen unos años y después desaparecen.
En estos últimos cuatro o cinco años, son Fariña, Pago
de los Capellanes e Hispano-Suizas quienes han empezado a acumular premios. En muy
llamativo el caso de esta última, por la intensidad y variedad de categorías en
las que está siendo premiada. Ha sido un poco alucinante comprobar que, salvo
en el caso de vinos dulces y generosos, ha ganado premios en TODAS las
categorías.
Bueno. Tampoco ha ganado nunca el premio a mejor
vino del año.
Todavía.
Va a ser muy interesante ver si la presencia de
estas tres bodegas persiste en próximos años, o si les pasará lo mismo que a Pago
del Vicario.
Y no, no me he olvidado de González-Byass, Torelló
o Chivite. Estas bodegas tienen su “rareza” particular, pero esto os lo contaré
en la siguientes entradas.
Por hoy ha estado bien y os necesito con la cabeza
despejada.
Atentos, que la próxima entrada, promete.
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