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28/10/2012

Nota de Cata: Pago del Zancúo 2.011


Normalmente las notas de cata suelo colgarlas a la izquierda del blog, un vino que me haya llamado la atención, que me haya apartado de la rutina del día a día, que por alguna razón me “obliga” a quererlo compartir con el resto que quiera pasar por aquí.

Hoy puede que se trate de una excepción. Como todo el mundo tengo mis debilidades, a veces son debilidades que critico en alguna de mis entradas, pero al fin y al cabo no dejo de ser una persona que tiene una debilidad entre tantas, es una de esas piedras en las que se tropiezan a lo largo del camino, pero hay piedras y piedras, alguna te hace morder el polvo, ese golpe en el dedo meñique del pié que hace que no sepas si reírte o llorar. Pasa un tiempo y te olvidas (hasta que te lo recuerdan).

Sin embargo hay piedras sobre las que estás deseando recaer, o al menos encontrártelas por el camino cada cierto tiempo, son pequeños toques de atención, sensaciones que sabes que van a llegar porque suceden año tras año. Personalmente, me encanta el otoño, es el tiempo de las granadas, de las castañas, el tiempo de los níscalos (una semana de lluvia, otra de sol, y si no hiela, al pinar…) y desde hace unos años para mí, es también el tiempo de la vendimia. Conforme se acerca noviembre, es el tiempo en el que comienzan a salir los nuevos vinos, esos que estás esperando a que salgan para comprobar si es verdad que la vendimia del 2.010 fue tan buena como dicen, o si el paso por madera mejoró ese tinto joven que tan rico te supo el invierno anterior.
Normalmente tengo paciencia, esperar a que salga una nueva añada es como el fan que espera a que salga el nuevo disco de un artista, un tiempo malgastado en vano,  porque el disco va a estar en las estanterías durante mucho tiempo, el suficiente como para que te lo compres sin prisas, nadie te lo va a quitar, ¿qué merito tiene, o qué objeto tiene escucharlo antes que nadie? Ninguno.

Pero hay excepciones, o al menos yo las tengo. De unos años a esta parte espero a que salga un vino de maceración carbónica de La Rioja “A mi Manera”, de las bodegas Contador, la típica excepción que confirma la regla. Pero he encontrado una segunda piedra, un segundo toque de atención. Os llevo hablando de los nuevos tintos andaluces hace tiempo, desde hace un año tengo en el punto de mira una bodega de Constantina que hace unos tintos a un nivel muy bueno y que me he atrevido a pensar que en nada tienen que envidiar a vinos de denominaciones de origen (alguna incluso calificada) del norte de España.

Y siento tener que decirte Raúl que mi expectativa ha sido flor de primavera, pero lee por favor hasta el final.

Tengo entre mis manos una botella de “Pago del Zancúo 2.011” de Bodegas La Margarita, recién salida de la bodega, con la pegatina con pegamento aún fresco. Esta nota de cata la he dividido en dos partes, ya que al estar recién embotellado el vino, he imaginado que necesitaría algo de tiempo para desarrollarse. Además, me he “obligado” a escribir la nota a mano en un cuaderno, describiendo las sensaciones que me iban apareciendo.

Fotografía propiedad Flor de Sal  Sevilla.

Esta es su nota de cata:

Nombre: Pago del Zancúo 2.011.
Bodega: La Margarita.
Tipo de uva: 96% tempranillo y 4% syrah.
Indicación Geográfica: VT Sierra Norte de Sevilla.
Tipo de vino: Tinto con envejecimiento en madera.
Nota: (al final de la nota).

Cata nº 1:botella recién abierta, el vino está a una temperatura de unos 15º C. Color picota, capa media, reflejos alegres en violeta y carmesí. Lágrima persistente.
Al meter nariz enseguida destaca zarzamora, fruta confitada, noto algo de mineralidad (¿pizarra?), notas de regaliz. Hay un tono balsámico, aunque hay notas mucho más complejas que necesitan salir, hay que airear aún más el vino.
En boca, sabroso, quizás un pelín ácido, se reparte bien por la boca, los taninos están ahí, no desagradan, para nada, goloso aunque sin pasarse. Se nota la mineralidad, a continuación el regaliz, me gusta, pero necesita abrirse.

Cata nº 2: la botella lleva abierta unos 45 minutos y la temperatura del vino es de 18º C. El color sigue siendo un precioso picota, tira más al carmesí y al violeta que al cereza o rojo.
Nariz, ha mejorado considerablemente, está más abierto, el regaliz y la pizarra están más presentes, noto notas balsámicas y especiadas (pimienta, si, pero hay algo más…). No obstante puede abrirse algo más.
En boca, la acidez ya no es tan evidente, sigue mostrándose muy sabroso y goloso, los taninos bien ensamblados, hasta se agradecen; aparece la fruta sin que sea empalagosa. Me encanta esas notas de regaliz, se quedan por la boca pero sobre todo por la garganta. Las notas minerales quedan en un segundo plano, complementando al resto de los sabores. Quizás un par de meses más en botella termine por afinarlo.
NOTA: 9/10.

Felicidades Raúl, tu vino ya no es una expectativa, es una realidad palpable y seria, ya no es una promesa o un futurible o fruto de una casualidad. Los que te seguimos sabemos que hay mucho esfuerzo detrás de este vino y ese trabajo está reflejado en la copa. Es evidente que es mucho mejor que la añada anterior y que al igual que os ha tocado cosechar y vendimiar la uva, ahora es tiempo de que comience la vendimia de reconocimientos y premios  porque os lo merecéis.

No me cabe duda que el camino que has emprendido y con el esfuerzo que estáis derrochando solo puede suponeros estar arriba y codeándoos con los mejores vinos de España. A mi entender solo os falta lo más difícil: apoyo institucional. Hay que convencer de que en el sur también se saben hacer excelentes vinos tintos. No es (solo) manzanilla lo que reluce bajo el sol.

18/04/2012

He comido queso (Vinos tintos andaluces III)

Aquellos que me conocéis en la distancia corta sabéis que el queso y yo no nos llevamos nada bien. Nos respetamos, cada uno va por su camino y tratamos de cruzarnos las menos ocasiones posibles. No me gustan la mayoría de los quesos, puedo soportar un poco la mozarella o el quesos blancos, pero muy poco. Mira que yo vengo de una provincia donde se hacen, según me dicen; los mejores quesos de oveja, pero soy incapaz de meterme un poco en la boca sin tener que llegar a torcer el gesto o poner cara de chino garrulo; he probado varios porque a Paula le encanta el queso, así que cuando vi que había una oferta curiosa que incluía queso y vino, no lo dude.

Ni cortos ni perezosos, nos dirigimos a La Casa de los Quesos, y os pongo el nombre porque merece la pena darse una vuelta por allí, porque aunque tienen pocos vinos, son vinos interesantes. 
Dentro de la oferta de queso+vino, hombre, de quesos no os puedo hablar, pero si de los vinos; si que tenían nombres que ya conocía, los hemos catado y en alguna entrega hemos hablado (o vamos ha hablar) de ellos. Pero el caso fue que había uno de ellos que no me sonaba, pero al ver que era de una zona de Sevilla motivó mi curiosidad. No os he contado el detalle que toda esta movida comenzó en Facebook, y es que comencé a buscar referencias del vino: Borboleta.

Fotografía de Cristina Andrade. (¡Gracias!)

Borboleta es mariposa en portugués, con lo que cualquier búsqueda de este nombre y vino solo me aparecían diseños de etiquetas de vino con mariposas y alguna que otra mariposa borracha, así que pregunté directamente a la tienda de los quesos si tenían alguna referencia sobre la bodega, incluso en un principio pensé que se trataba de un vino de Colonias de Galeón.
Para mi sorpresa, me contestaron de la bodega, donde resolvieron alguna que otra duda. Me gustó tanto ese trato tan directo y tan amable, que de cabeza me he traído, previa cata, una botella a casa.

Y está muy bueno. Mucho. Tanto que en un pis-pas va a tener nota de cata.

Por cierto, para beber el vino, me obligaron a comer queso. Me gustó. Pero solo un poquito...

09/10/2011

Vino Tinto Andaluz (III): VT Sierra Norte de Sevilla.

Creo que no lo he dicho, o puede que si... Esto de hacer entradas y no repasarlas de vez en cuando es lo que tiene....
Pues si, lo había puesto en otra entrada. 


Este fin de semana ha habido una feria de vinos y licores de la provincia de Sevilla en la diputación homónima. Habida cuenta de que ya se han catado vinos de esta zona, no vamos a descubrir ahora América, mucho menos cuando al leer el programa veo que acude una bodega muy interesante de Cazalla de la Sierra.
¡Marchando una de catas!
Colonias de Galeón es una pequeña bodega sevillana. Ya de por si es curioso el encontrar bodegas (e insisto) que hagan vino tinto por estos lares, que los hacen, pero es que además siguen una filosofía ecológica, que cada vez cuenta con más seguidores, incluso las más grandes. Quítate de la cabeza el típico pelanas hippie, hablamos de viñedos en los que solo se hacen intervenciones con productos naturales, es decir, nada de pesticidas, herbicidas ni abonos químicos, lo cual es de agradecer con la cantidad de venenos que nos metemos entre pecho y espalda todos los días.
Me enganché a la bodega cuando probé por casualidad su tinto roble, buen vino a precio asequible. Me impresionó tanto que por navidades lo llevé a casa con un éxito relativo, pero hasta hoy no había probado los blancos, actitud talibán radical, si, lo sé; pero me echaba atrás la variedad que utilizan, la chardonnay, no por nada en especial, si no que hay variedades autóctonas en España como para usar otras foráneas. Pero al ir hoy a la muestra, he probado los dos vinos que hacen con esta variedad, y he tenido que envainármela. Muy buenos, sobre todo el que tiene fermentación en barrica, el primero que pruebo, y no he podido por menos que traerme uno de cada, más el consabido tinto.


Viene el invierno, hay que recargar la bodega.

También he caído en la tentación de traer un vino de postre, un vino de naranja, distinto a los que hemos probado en otras ocasiones, este es más fino, no empalaga, aunque tampoco es que sea muy barato, pero bueno, dura más porque se toma en forma de chupito.

Del resto de bodegas..., progresan adecuadamente, creo que están tomando conciencia de que tienen mercado más allá de su pueblo, que es importante abrirse a los gustos del resto de las personas. Antes era corriente que fueses a la bodega con una garrafa o damajuana de las de 25 litros a por un líquido alcoholizado que pasaba por ser vino, que en casa se mezclaba con agua para rebajarlo, con gaseosa o la cola coca para hacer calimocho. Hay quien sigue pensando que el público no entiende o que por el mero hecho de pasar el líquido de una garrafa a una botella con una etiqueta, cambia el contenido y te piden por ello cerca de 10 €; pero ya son los menos, hubo un bodeguero de la Rioja que decía aquello de que "al cliente solo le engañas una vez", una verdad como un templo.

Algún vino he probado, que aunque me ha sabido insípido, parece que presenta un buen futuro; y otros blancos que no han cambiado nada, lo cual es muy raro. Son vinos afrutados que entran muy bien en frío, vinos de cachondeo que les llamo, pero que todos los años me saben igual, pero igual, igual, igual, lo que me hace sospechar que aparte de vino tengan otros añadidos (azúcar por ejemplo).

Vinos dulces no he llegado a probar, cerca de las dos de la tarde y sin nada de comer a la vista no me he atrevido, en caliente menos, pero se veía por las bolsas que llevaba la gente, que con muy buena aceptación, sobre todo por ellas. 

Para mí ha sido una visita provechosa, creo que me he llevado buenos vinos y una mejor impresión, y espero poder llevármela mejor, pues estoy pensando en organizar una visita a alguna de las bodegas de la Sierra Norte, pero ya os mantendré informados.