30/05/2013

Nos vamos de vinos: Gasrtromium.

(Entrada publicada el 16 de marzo de 2012)

Bueno, primer sitio donde podemos ir plácidamente de vinos y comer unas tapas por un precio más que razonable. 
Gastromium lo tengo, de momento, como bar/garito/lugar de vinos de cabecera al estar relativamente cerca de casa, y digo de momento porque en breves fechas nos tenemos que mudar, y ya nos pillará un poco a trasmano para poder ir con la frecuencia con la que vamos ahora. Sin duda, será una de las cosas que echaremos de menos del barrio en el que estamos ahora, aunque ya tengo fichados un par de nuevo sitios al barrio al que nos mudamos. Pero a lo que vamos.

Como ya dije en esta entrada del blog, es una vuelta de tuerca al concepto del tradicional bar de tapas, y con esto no quiero decir que estén mal los bares tradicionales, quiero decir que es un sitio distinto y nuevo, muy grato. Ya os conté un poco los pormenores del descubrimiento del sitio, centrémonos pues en el comisque y bebisque....

La última vez que fuimos, pude llevarme a casa (con permiso....) la carta de comidas y vinos del restaurante, y que viene en un guardacubiertos que te está esperando en la mesa, y que aquí os pongo.

- Comisque:


Difícil elección.... Os aconsejo ir de tapas si hay poca hambre o vais solo con la pareja, la cantidad quizás debiera ser algo mayor, pero para un aquí te pillo, está bastante bien. Muy, muy muy aconsejable que toméis la sopa de ajo, lasaña fría de boquerones, chapatita de carrillada y alitas de pollo glaseadas. La chapata de carrillada está de muerte, de hecho, estoy intentando sacarla en casa.
Pero si lo que tenéis es hambre, independientemente del número de personas que seáis, lo aconsejable es una tapa por persona y un par de raciones por cada dos/tres comensales. No dejéis de probar cualquiera de los dos solomillos, especialmente la bomba.
En cuanto a postres, la verdad es que todos están muy buenos, pero el mojito frozen es nuestra perdición.

- Bebisque:


¿Entendéis ahora por qué me vuelve loco este sitio? ¡Vinos por copas, variedad de vinos, de denominaciones de origen, precios razonables! Si un día te quieres tomar un buen vino de los de 25€/botella, te lo tomas por copas. Además que el juego/maridaje que puedes hacer entre vinos y comida cada vez que vayas, es poco menos que infinito.
Os recomiendo (aparte del verdejo de Rueda, evidentemente), el Spanish white guerrilla Riesling, especialmente para ellas o si escogéis pescados o quesos. El rosado aún no lo he probado, no os puedo decir nada...; y de entre los tintos, Barbazul de mis amores, Ceps Nous, el Alonso del Yerro, los dos riojas, y cualquiera de los dulces, aunque el Jorge Ordóñez me gusta más que el PX, que también es bueno, bueno.
¿Qué pasa con los otros vinos, no son buenos? ¡Qué va!, es que aún no los he probado...
De momento.


Si queréis ir:

RESTAURANTE GASTROMIUM
Avda. Ramón Carande, 12  (esquina con Pedro Salinas)
41013 Sevilla
info@gastromium.com

Teléfono 954 625 555

Abre todos los días.





Pincha aquí para ver el mapa más grande.

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(Revisión el 30 de mayo de 2013)

Una desilusión tremenda. A lo largo del año pasado, el restaurante sufrió un número considerable de cambios que le han llevado a cerrar el negocio. Si vais, os encontraréis un restaurante cerrado con papeles de estraza pegados en la cristalera.

Es una autentica lástima. Un sitio con nuevas ideas e interesantes cartas de vino que se iban actualizando con una periodicidad más que interesante que ha cerrado. ¿Por qué? Ni idea, cuando quisimos ir ya nos lo encontramos cerrado. 

No obstante, me aventuro a dar una razón: las prisas. La idea original del proyecto, era ser un restaurante de estrellas Michelín, refinado, buen servicio, platos innovadores, decoración modernista, precios demoledores para la mayoría de las carteras. Mientras la cosa económica iba bien en España, era un modelo de negocio interesante, pero cuando explotó la burbuja cambió el cuento. Si la gente no consume, no se pueden pagar las facturas. En el interior del restaurante siguieron apostando por un modelo de alta cocina, mientras que en la parte trasera, en una plazoleta, acertaron a poner mesas de plástico con platos de muy buena calidad a un precio razonable. No tardaron mucho en ampliar la terraza alrededor del local. Todos los días tenían gente consumiendo, comiendo, bebiendo. Buena comida, buenos vinos, inmejorable servicio, lo tenían todo para triunfar. Pero algo pasó. De repente la mitad de los camareros habían cambiado, la carta ya no era tan atractiva y los vinos por copas se redujeron considerablemente. Sin haber una mala cocina o un mal servicio, la cosa estaba perdiendo. 

Finalmente, la última visita fue una decepción. Había bajado la calidad en la comida, en el vino y en el servicio, y no es que la comida fuese mala, los vinos supieran a vinagre o nos atendieran mal. Habían pasado a ser un restaurante normal, anodino, sin imaginación, un restaurante cualquiera. Había perdido la esencia que le llevó a ser algo grande. 

No sé si los dueños del restaurante se vieron incapaces de asumir deudas, si mataron a la gallina de los huevos de oro o es que han querido cerrar una etapa profesional. No sé. Intuyo que les pudo más las ganas querer ganar dinero rápido desatendiendo factores calidad y servicio. Sentimos mucho la ausencia de Gastromium, pero en especial por los empleados, en especial por aquel camarero gallego, un profesional como la copa de un pino de grande, atento, servicial, siempre con una sonrisa. 

Descanse en paz.

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